VIETNAM NO ES SÓLO UNA GUERRA
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Sábado 22-10-2005

VIETNAM NO ES SÓLO UNA GUERRA


Cuando recordamos nuestra entrada en Vietnam no podemos evitar sonreír, y es que fue como si estuviéramos en el rodaje de una película cómica. Después de 10 horas en autocar desde Vientiane, 10 horas de socavones, curvas y constantes bocinazos, llegamos a la frontera a las 5 de la mañana. Allí tuvimos que esperar un par de horitas porque las fronteras cierran por la noche.
A las 7 estábamos delante de la ventanilla, aun medio dormidos y un poco atontados en medio de un desorden total. Manos que sostenían pasaportes salían de no sabemos dónde e iban a parar al funcionario de turno pasando por delante nuestro. Por fin conseguimos nuestro sellito y al salir de la oficina de la aduana… ¡sorpresa!!! El autocar había partido sin nosotros. Para nuestra tranquilidad, no éramos los únicos que nos habíamos quedado “colgados” y además, sabíamos que el autocar tenía que parar de nuevo en el lado vietnamita. Recorrimos los 2 kilómetros de subida hasta aquel lugar…¡ufff!!!el autocar aún estaba allí. Otra vez la locura de los pasaportes, pero esta vez con más alicientes. Decidimos separarnos para que de esta manera uno vigilara el autocar, no fuera que aquel conductor degenerado le volviera a dar por irse sin nosotros. Afortunadamente lo hicimos, porque el que fue a vigilar el autocar se encontró con nuestras mochilas tiradas en la calle. ¡Aquel desgraciado de conductor se iba a acordar de nosotros!!! En vez de avisarnos de que debíamos pasar las mochilas por el detector de metales de la policía, nos dejó todo nuestro equipaje allí en medio, pensando que nosotros ya supondríamos que debiamos hacerlo. Por otra parte, en las ventanillas de inmigración la cosa no era tampoco relajadita. Después de dar en mano ambos pasaportes para sellarlos, aquel funcionario, a la hora de ir a devolverlos, fue a la primera persona que se le antojó. Eso sin tener en cuenta los aspavientos y los gritos de ¡Señor!!!!!! ¡Esos pasaportes son míos!!!!!! El hombre miró, escuchó, y con un gesto de indiferencia se los dió a una mujer que estaba allí.
Aquella mujer se iba. La distancia que había hasta llegar a ella era poca, apenas 10 metros, pero la marea humana de entre medio ponía las cosas difíciles. Entre codazos y empujones se superaron los obstáculos para detener a esa señorita y hacerle devolver nuestros pasaportes. No nos gusta ser desconfiados y pensar que aquello fue una simple confusión, pero resulta que nuestros pasaportes europeos son de color grana, y los asiáticos son de color verde. Nadie olvida que un pasaporte europeo en estas tierras es un caramelito… ¡En fin!!! Con nuestros pasaportes selladitos y las maletas listas después de la inspección, nos volvimos a reencontrar en el autocar.
Pero allí nos percatamos de que si a nosotros nos habían sacado las mochilas y nos las habían dejado en el suelo, probablemente hubieran hecho lo mismo con el equipaje de dos chicos irlandeses con los que hicimos amistad durante el trayecto. Ellos aun estaban intentando sellar el pasaporte. Decidimos volver a separarnos para que uno de nosotros fuera a avisarles. Pedimos permiso a los policias de la salida para que uno de nosotros volviera a entrar a las oficinas. Allí estaban los irlandeses, un poco aturdidos porque les habían hecho pasar por otras ventanillas para pagar un impuesto. “-¿Vosotros habéis tenido que pagar esto?”. Aquel papel estaba redactado únicamente en vietnamita, y tan solo se podia entender un numerito en rojo con bastantes ceros y con el símbolo de la moneda local. Además, allí nadie hablaba inglés. “-No, no hemos tenido que pagar nada.” Inmediatamente 4 funcionarios nos rodearon, haciéndonos gestos agresivos de que debíamos pagar. ¿Y que es los que se puede hacer cuando hay 4 funcionarios que no hablan inglés y que te quieren hacer pagar algo que tu sabes que no tienes que pagar? Evidentemente, ¡salir corriendo de allí!!! Y correr hasta llegar a esconderte detrás del autocar a esperar que a la policía que te ha visto salir de allí corriendo no le den ganas de averiguar qué pasa y venirte a buscar. Volvimos a reencontranos en el autocar con nuestro amiguito el hijo puta del conductor, al cual le hicimos saber con nuestros gritos que no estábamos muy contentos con él. Aquel hombre, con el que hemos soñado un par de veces y de cuya madre nos hemos acordado bastante, se descojonaba de risa delante nuestro. Es bastante frustrante pegar la bronca a alguien y que este alguien en cuestión se te ría en la cara. Hemos pensado que aplicaremos esta medida en nuestro futuro, y cuando volvamos a trabajar y nuestro jefe nos quiera dar una reprimenda, nos carcajearemos delante de él. Es un método muy bueno para menguar psicológicamente a alguien.


¡En fin!!! Ya estábamos en Vietnam, pero para llegar a Hanoi aun nos quedaban unas doce horitas más de viaje. Lo que nos llamó más la atención desde que llegamos a la capital de Vietnam fue la locura del tráfico y del ruido. Hay miles de motocicletas que salen por todas las esquinas y, entre este caos, la bocina es la reina. Tienes que andar por el medio de la calle pues las motos aparcadas invaden las aceras y para cruzar, primero tienes que invocar a todos los dioses y después lanzarte, esperando a que te esquiven o paren... Sin embargo, Hanoi, pese a su tráfico loco y estresante, disfruta de una vida tranquila. Las calles están llenas de señoras cocinando y a su alrededor la gente se sienta en pequeños taburetes para saborear la deliciosa comida. El lago Hoam Kiem, en medio del centro de la ciudad, también contribuye a crear este entorno relajante. Como buen lago que es, tiene una leyenda detrás. Ésta dice que había un emperador que le cayó del cielo una espada, la que lo ayudaría a luchar contra los chinos. Una vez acabada la guerra, navegando por el lago, se le apareció desde el fondo una tortuga gigante y dorada que cogió la espada y se la llevó hacia el fondo del lago. Así se dice que la espada volvió a manos divinas.

Muy cerca del lago está el Teatro de las Marionetas Flotantes. Se trata de una tradición que se remonta al siglo XVII. Son marionetas de madera que, encima de un escenario de agua, se mueven al ritmo de música tradicional Vietnamita.


En Hanoi plantamos ´el campamento base´, y desde allí nos dedicamos a hacer salidas para conocer el norte del país. Una de las excursiones que hicimos fue a la Montaña del Perfume. En barca navegamos por el Río del Perfume donde las vistas de las montañas abruptas y los campos de arroz son preciosas. Después, al llegar a la montaña, visitamos un par de templos o pagodas, una de ellas dentro de una cueva natural en la cima de la montaña. Los templos de Vietnam son muy diferentes a los que habíamos visto en Tailandia o Laos. Mientras que en estos países estaban dedicados íntegramente al Budismo, en Vietnam hay un sincretismo religioso entre el Budismo, el Confucionismo y el Taoísmo.


Otro punto de visita obligada es la Bahía de Halong. Allí pasamos tres días. Llegamos en autocar a la ciudad de Halong, desde donde cogimos un barco hasta Cat Ba, la única isla habitada de entre las miles que ocupan la Bahía. Durante el trayecto de 4 horas pudimos disfrutar de un escenario impresionante. Miles de pequeñas montañas que salían del mar entre una niebla fina... Halong significa 'donde el dragón desciende al mar'. Y es que, dice la leyenda, que las islas de la Bahía fueron creadas por un dragón que vivía en las montañas. Cuando se dirigió a la costa, con su cola golpeó los valles, agrietándolos. Y cuando entró en el mar, el agua se adentró entre las grietas, dejando sólo pedazos de tierra visibles. Durante el trayecto, además, nos paramos en una isla donde visitamos un par de cuevas, creadas gracias al viento y a la fuerza de las olas. Las dos cuevas eran impresionantes, de dimensiones gigantescas y de unas formas redondeadas que nada tenían que envidiar a la escultura más trabajada en el mundo del arte. Entre las islas, dirigiéndonos a Cat Ba, habían casas en el mar... casitas que flotaban en medio de las aguas tranquilas de la Bahía, dónde vivían familias de pescadores. No podías dejar de pensar qué diferente tenía que ser la vida de aquellas personas, que para pasear o correr habrían de coger su barca a remos y navegar durante dos horas para llegar a tierra firme.


Por último, pasamos 2 días más en Sapa, una zona de montaña preciosa, donde el paisaje bucólico de los verdes campos labrados y los búfalos paciendo, te dejan con la boca abierta. Allí nos dedicamos a andar por los valles próximos, conociendo los pueblos que rodean la ciudad y las diferentes etnias que viven allí. La gente se dedica, en la mayoría, al turismo: Hoteles, restaurantes, vendedoras de artesanía y fruta, conductores de moto-taxi, etc. Las vendedoras te agobian un poco, pues no das dos pasos que te ofrecen insistentemente sus productos. Nosotros lo llamábamos 'estrategia comercial por agotamiento'... No obstante, lo que más nos chocó fue que estas vendedoras también nos ofrecían continuamente Marihuana, Hachís y Opio. Una guía nos explicó que utilizan la planta de la Marihuana para elaborar un tejido muy caliente para el frío invierno de la zona. Pero intuimos que no sólo lo utilizan para hacer la ropa.
Al volver a Hanoi acabamos de visitar la ciudad. De entre los lugares que podemos destacar está el Museo Etnológico y el Complejo dedicado al Héroe Nacional, el Héroe de la Independencia y de la Revolución, Ho Chi Min. También visitamos el Templo de la Literatura, lo que fue la primera Universidad de Vietnam hacia el 1080, siguiendo la doctrina del Confucionismo. Aparte de los preciosos jardines que tiene el recinto y de la bonita arquitectura, allí pudimos asistir a un concierto de música tradicional vietnamita. Por último, no quisimos perdernos dar una vuelta en 'ciclo'. Este vehículo es una bicicleta que lleva una silla al frente para una o dos personas. Nos dijeron que era una experiencia relajante y no nos lo creímos debido al escándalo del tráfico en Hanoi. Pero realmente lo es, pues es como ver una película sentado en la butaca de un cine. Simplemente, ves la vida pasar...


También en Hanoi tuvimos un encuentro inesperado pero muy agradable. Eloi y Olatz, dos buenos amigos de Barcelona, estaban en Vietnam pasando el viaje de luna de miel. Este encuentro fue muy emocionante para nosotros, no sólo por que añorábamos muchísimo a nuestros amigos, sino por que también con ellos vino a nuestro viaje la esencia de nuestra vida en Barcelona. Al despedirnos nos dijimos una frase que a nosotros nos chocó bastante: “Nos vemos en poco más de un mes”. A veces, hay ciertos detalles que nos hacen volver a la realidad y percatarnos de que nuestro viaje no es eterno. Pero lo que si es eterno es el recuerdo de los lugares por los que estamos pasando. Vietnam será eterno, porque eterno es este país donde la eternidad es mañana por la mañana, sin acordarse de infinitas guerras pasadas y sin pensar en un futuro demasiado lejano. La eternidad es hoy… la eternidad es ahora.




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