EN TAILANDIA, EL PAÍS DE LAS SONRISAS
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Lunes 03-10-2005

EN TAILANDIA, EL PAÍS DE LAS SONRISAS


Para cualquiera que pase por el sur de Tailandia, es inevitable que se le pase por la cabeza alguna vez quedarse allí, en el paraíso. La verdad es que a nosotros nos costó mucho irnos para continuar el viaje. Pero al fin, pudieron más las ansias de conocer mundo, nuevos parajes. Así, que volvimos a Bangkok con la idea de organizar desde allí lo que quedaba de viaje.

Bangkok es el punto neurálgico del sudeste Asiático. Desde esta ciudad se pueden tramitar los visados de los demás países, comprar billetes de avión, etc.

Hasta que tuvimos el visado de Vietnam, pasaron cuatro días, durante los cuales aprovechamos para seguir conociendo la ´Ciudad de los Ángeles´. Y la denominamos así no por ningún motivo romántico, sino porque es el nombre real de la ciudad. En el año 1782, el rey Rama I construyó un palacio sobre la orilla este del río Chao Phraya e hizo de Bangkok su capital, denominándola Krung Thep, que significa ´Ciudad de los Ángeles´. El pueblo de Bangkok dejó de existir, aunque su nombre sigue siendo usado por los extranjeros.

Esta vez, nos dedicamos más a pasear por las calles, a visitar los mercados, dónde la mezcla de aromas y malas olores te desorienta. Un montón de alimentos que no nos atrevimos a probar se cocinaban como ´delicatesse´': saltamontes gigantes, gusanos blancos, calamares secos, etc. Estamos seguros que todo esto debe ser exquisito, pero en nuestro caso pudo más la vista que el hambre.


Una compleja red de canales dio a la ciudad el renombre de la 'Venecia del Este', en el tiempo en que todo el transporte era en barco. Hoy en día están medio vacíos o convertidos en calles, pero los que aún existen, dan a la ciudad aquel aire de romanticismo que tanto nos gusta.
Lo que nos ha chocado mucho Tailandia, y en particular de Bangkok, es la importancia de la monarquía. Esto es palpable en la infinidad de fotografías gigantes y esculturas de la familia real que se ven por las calles de la gran capital. Además, en ninguna casa, en ningún negocio, nunca falta una fotografía del rey o de toda la familia real. El rey tiene poco poder directo según la constitución pero es el protector del Budismo Tai y un símbolo de la identidad de la unidad nacional. El monarca actual disfruta de un gran respeto popular y autoridad moral, lo que ha sido utilizado, alguna vez, para solucionar crisis políticas. Según nos comentaron, faltar al respeto a la monarquía, puede traer graves problemas legales. Otra cosa que deja entrever el fuerte patriotismo de la gente, o de lo que se quiere inculcar desde el poder, es el uso indiscriminado del himno nacional: Por las calles, mínimo una vez al día y a través de grandes altavoces, se puede escuchar. Por la televisión, también es muy común oírlo entre los cortes publicitarios. En el momento en que suena, los peatones paran su actividad, y de pie, con los brazos pegados al cuerpo, esperan a que deje de sonar, en señal de respeto.


En Bangkok decidimos que nuestra ruta continuaría hacia el norte, el próximo destino, Chiang Mai. Llegamos de madrugada, tras 12 horas de viaje en autocar. Nos alojamos en un hostal del centro de la ciudad, en la zona antigua rodeada por murallas centenarias. El mismo día ya organizamos, para los tres días siguientes, una excursión a la montaña. Éramos un grupo de unas doce personas y tres guías. Fueron tres días en medio de la naturaleza, sin las 'comodidades' a las que estamos acostumbrados, como la electricidad o el agua caliente. Anduvimos a través de la jungla, atravesamos inmensos campos de soja y nuestra vista se perdió entre el fresco verde de los arrozales. Dormimos en cabañas de madera y paja aisladas en las montañas. paseamos entre la espesura de los bosques montados sobre un elefante y, por último, bajamos por un río en canoas de bambú. Durante la excursión visitamos un par de villas bastante aisladas dónde vivían tribus muy diferenciadas étnicamente entre ellas y con el resto de los tailandeses, con diferentes costumbres y diferentes lenguas. Sin embargo, lo mejor de la excursión fue Bai, uno de los guías. Él era sordo y se comunicaba con el resto de la gente a través de los gestos. Había hecho de su 'incapacidad' una de sus principales virtudes, pues tenía una expresividad y una facilidad para comunicarse con los demás digna de admiración. Él no necesitaba hablar ningún idioma para comunicarse perfectamente con personas de diferentes países.


Después de regresar de nuestra excursión, estuvimos sólo una tarde más en Chiang Mai, pues nuestro visado de un mes se acababa y teníamos que salir del país. Por lo tanto, pudimos visitar poca cosa: algunos de los centenares de templos budistas que hay en la ciudad y el mercado de artesanías que se hace por la noche, donde se pueden apreciar, entre otros cosas, los maravillosos trabajos textiles por los cuales es famosa la zona.

Cuando nos empezábamos a saber mover, cuando apenas habíamos aprendido las cuatro palabras básicas del Tailandés, entonces teníamos que irnos. Teníamos que despedirnos de Tailandia, de la tierra de la libertad como su nombre indica en su lengua... de su hospitalidad, de los relajantes masajes, de los refrescantes batidos de fruta fresca, de la deliciosa comida, del fascinante aroma a coco y curry, de las sonrisas generosas de su gente...




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