EL CAMPO DE RIBESALTES
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Miércoles 30-10-2013

EL CAMPO DE RIBESALTES


En nuestra #RutadelExilio por el Sur de Francia, ya habíamos visitado los lugares donde habían estado los campos de Argelès y San Cyprien, cuando recibimos un mensaje de nuestra amiga Dalia: “Mi abuela estuvo en el Campo de Ribesaltes”. No conocíamos la existencia de ese campo y, días después, en el CIDER, Helvia lo volvió a mencionar. Cuando nos dijeron que además se podía visitar, no dudamos en que teníamos que hacerlo. Algo nos había llevado hasta allí.

Actualmente se está construyendo un Museo Memorial del Campo de Ribesaltes con apertura prevista para el año 2015. Hasta esa fecha las visitas se llevan a cabo con cita previa. Así que en sólo unos días quedamos con Rubén, historiador catalán que forma parte del proyecto. Quedamos en el mismo recinto, más de 600 hectáreas dentro de una base militar.

Al bajar del coche un fuerte viento nos golpeó. La humedad se nos coló en los huesos. Rubén nos estaba esperando con una gran sonrisa que contrastaba con el funesto lugar. Nos aconsejó que nos abrigáramos, esa zona tiene un clima terrible, extremo. Tanto, que el ejército francés descartó el lugar para sus caballerizas. Llegaron a la conclusión que los animales no podrían resistir semejantes condiciones ambientales.

El campo se creó en 1938, el mismo año que se aprobó el decreto que permitía el internamiento de “extranjeros indeseables”. Literalmente. Los primeros “indeseables” que pasaron por allí fueron españoles republicanos que, además, fueron la mano de obra gratuita con la que se construyeron los mismos barracones que servirían para albergar, a partir de 1941, a familias civiles de más “indeseables”: más españoles que por motivos de ideales no podían volver a la España fascista de Franco. También familias de judíos y gitanos.

Los niños, mujeres y hombres que llegaban de los campos de concentración de las playas, en un primer momento se alegraban: por fin dejaban atrás la maldita arena, podrían vivir en barracones con suelo de cemento y tendrían letrinas. En muy poco tiempo se dieron cuenta de la dura realidad. El lugar era inhóspito, el clima inaguantable. El alimento y el agua eran muy, muy escasos. A la postre, en aquel campo “especial para familias civiles”, se separaba a las familias.

Más tarde, con la ocupación nazi de Francia, Ribesaltes se convirtió en un campo de clasificación y distribución, donde funcionarios franceses decidían el destino de los internos. Para muchos de ellos, los campos de exterminio en Alemania...

Junto al amable Rubén paseamos entre las ruinas de los barracones que aún mostraban pinturas en sus paredes de los últimos y más recientes “indeseables”, ahora llamados “inmigrantes ilegales”. Dentro de uno de los barracones un anciano visitaba el lugar. Él lo conocía muy bien: entre aquellas paredes había pasado parte de su triste infancia. Un escalofrío nos recorrió el cuerpo al intentar imaginar lo que estaría sintiendo en ese preciso momento.





Con Rubén dentro de uno de los barracones de Ribesaltes.




Uno de los barracones de Ribesaltes.




En el antiguo Campo de concentración de Ribesaltes




1 Comentarios
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8/11/2013 - Dàlia
gràcies pel vostre treball per a la gent d'ahir, d'avui i sobretot pels de demà. Tinc ganes de llegir-vos!

 
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