NUEVA YORK, LA CIUDAD DE LOS RASCACIELOS
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Miércoles 15-06-2005

NUEVA YORK, LA CIUDAD DE LOS RASCACIELOS


Después de unas 7 horas de viaje, el 16 de Junio aterrizamos en la gran ciudad de New York. Habíamos hecho una reserva por Internet en un hostal juvenil que, de hecho, no nos inspiraba mucha confianza porque estaba situado en el barrio de Harlem, del que teníamos muy malas referencias debidas al cine.
Desde el aeropuerto cogimos el transporte público y ya nos sorprendió mucho su alcance... No tuvimos ningún problema para llegar al hostal entre el tren del aeropuerto y el metro.

La fachada del hostal tenía un aspecto bonito y estaba situado en una de las principales avenidas de Harlem, muy bien comunicado. Por dentro era otra historia, no llegaba ni mucho menos al nivel de la mayoría de los hostales en los que habíamos estado en la América “pobre” durante los últimos meses. Eso sí, el precio se multiplicaba por 5... Habíamos reservado una noche, por la cual cosa teníamos la intención de buscar otro lugar si el hostal no nos gustaba. El problema fue después encontrarlo, pues nos dimos cuenta que todos los alojamientos que por precio estaban a nuestro alcance se encontraban llenos y que tampoco había la oferta que nos esperábamos encontrar... Así que los primeros 4 días nos los pasamos deambulando de hostal en hostal. Íbamos encontrando lugar para una sola noche, así que cambiamos de hostal unas 3 veces.


Al final fuimos a parar a un hostal (por llamarlo de alguna manera),”The Uptown Hostel”, que estaba regentado por una mujer un tanto especial... También se encontraba en Harlem. Era el típico edificio de este barrio: de ladrillo rojo, con unas escaleras en la entrada y con las escaleras metálicas anti-incendios a la vista... Pero éste estaba destartalado y no había nada que funcionara en condiciones. Para empezar, la dueña estaba allí solo unas horas al día, así que si llegabas fuera de esas horas, si tenias suerte, te abría la puerta una de las personas hospedadas, si no, podías esperar o bien buscarte otro lugar para dormir.

Dadas las dificultades que nos habíamos encontrado para conseguir alojamiento nos conformamos con aquello y nos propusimos comenzar con nuestra búsqueda de trabajo, con el objetivo de que si lo encontrábamos buscaríamos otro sitio para dos meses más, y si no tendríamos que comenzar a preparar nuestra salida del país; vivir en New York es muy caro y no podíamos afrontar este gasto durante mucho tiempo. Le explicamos esto a Gisele, la señora del hostal, y ella nos proporcionó el contacto de una agencia de empleo especializada en “hispanos”. Allí nos dijeron que, a cambio de unos honorarios para la compañía, se comprometían a encontrarnos trabajo. Y así fue, al día siguiente estábamos los dos colocados. Nos sorprendió mucho esta rapidez y la facilidad incluso tratándose de dos personas sin permiso de trabajo en los Estados Unidos. Ya estábamos trabajando en New York, uno en un restaurante italiano como ayudante de camarero y el otro en la caja de una pizzería, ambos en pleno centro de Manhattan. Allí comenzamos a darnos cuenta de verdad de la diversidad étnica y cultural de la gente de esta ciudad: albaneses, mejicanos, ecuatorianos, indios, dominicanos, cubanos, y un largo etc...


En el hostal, entre mucha otra gente, conocimos a Ignasi, un chico catalán del Vendrell que vino para trabajar durante los meses de verano y así cubrir los gastos de su estadía aquí. Fue él quién nos ayudo a conseguir el piso en el que actualmente vivimos. Buscándolo para él, encontró un lugar en Brooklyn, en el que había una habitación libre y en el que en unos días quedaría libre otra más. No dudamos en ir, pues eran muchas las ganas que teníamos de salir de ese agujero donde vivíamos, y además nos ahorraríamos dinero con el cambio. Así conocimos a Zigor y a David. Zigor, es un artista vasco que está en la ciudad durante unos meses gracias a una beca. David, con el que sólo pudimos coincidir unos días ya que volvía a Barcelona, nos robó el corazón en seguida dado su entrañable carácter y sus atenciones. Esperamos que tenga mucha suerte en Barcelona y que encuentre aquello que está buscando...


El apartamento es muy especial. Suponemos que el edificio debía ser una antigua fábrica que convirtieron en viviendas. Está prácticamente al lado del río y desde la terraza se pueden apreciar unas privilegiadas vistas de Manhattan. Las mejores son al anochecer, cuando se pone el sol y se comienzan a encender las luces en la isla.

El barrio, Williamsburg, es muy curioso. Por un lado está habitado por judíos ortodoxos, vestidos a su manera habitual, los hombres con un traje negro, con sombrero y llevando barba y dos rizos a cada lado de la cara. Las mujeres parecen salidas de otras épocas, con vestidos largos y llevando siempre la cabeza cubierta por un pañuelo o un sombrero. Además, llevan peluca, ya que van totalmente rapadas debido a su religión. Por otro lado están los cubanos, la mano de obra de los primeros... Y por último, hay una zona habitada por gente joven, sobre todo de origen europeo.


Durante estos primeros días, y con el tiempo que nos sobra de trabajar, hemos ido a ver algunos lugares de visita obligada. El Empire State Building, Central Park, Time’s square, etc
Tenemos la sensación contínua de estar en una de las tantas películas ambientadas en New York. Las grandes avenidas, los rascacielos, el metro un poco dejado y sucio, la diversidad de razas y colores entre los peatones de la calle… En nuestra próxima crónica ya ahondaremos más en nuestros días en esta ciudad. De momento, lo que podemos decir es que en New York casi nadie es de aquí, todo el mundo es diferente… nadie es un extraño.




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