NUESTRA ESTANCIA EN QUITO, PARA OLVIDAR
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Viernes 27-05-2005

NUESTRA ESTANCIA EN QUITO, PARA OLVIDAR


Como paso previo a nuestro relato habitual, creemos que es necesario ofreceros una pequeña explicación. La siguiente crónica, perteneciente a Ecuador, es sin duda alguna la más difícil de las que hemos hecho hasta ahora, y probablemente no nos veremos en el futuro en la obligación de tener que pasar tanto tiempo reflexionando a la hora de buscar un enfoque a lo que escribimos. Nuestra estancia en Ecuador, concretamente en Quito, ha sido bastante desagradable. Una serie de sucesos han provocado que nos marchemos de este país con un recuerdo amargo, con un rencor difícil de borrar. Hemos pensado mucho antes de ponernos a escribir estas líneas en cómo relatar esta crónica sin ser injustos con este país pero al mismo tiempo no serlo con nosotros mismos ni con la gente que leéis nuestro diario de viaje. Si bien es cierto que algunas de las cosas que nos han pasado nos hubieran podido suceder en cualquier lugar del mundo, el azar tiene una credibilidad limitada y somos reacios a culpar a la suerte de todos estos contratiempos. Después de cinco meses sin ningún incidente preocupante, en apenas diez días hemos tenido varios, así que, aunque efectivamente el azar pueda jugar su papel, creemos que el problema de fondo es otro.


Podríamos ser políticamente correctos y minimizar todos los acontecimientos de estos últimos días. Podríamos describir Ecuador de una manera diferente a lo que pensamos, y de esta manera ser diplomáticos con el país y al mismo tiempo haceros leer unas líneas que os fueran agradables. Pero nos tenemos demasiado respeto a nosotros mismo y a vosotros como para tener que fingir lo que sentimos y al mismo tiempo engañaros. Así que, a costa de ofender a un país, a sus habitantes y a sus organismos, procedemos a escribir nuestra crónica sin ningún impedimento moral que achique nuestro afán de ser fieles a la verdad.


La frontera entre Perú y Ecuador, viniendo de la ciudad peruana de Tumbes, es algo difícil de describir. Existe el agravante de tener que cruzarla a pie, ya que los taxistas peruanos son reacios a cruzarla en su auto por temor a represalias de los taxistas ecuatorianos. En cualquier caso, no parece un lugar muy seguro, pero desgraciadamente, si nuestro desplazamiento es terrestre, no queda más opción que hacer frente a este trance.

Nuestro destino era Quito, pero desde la frontera había demasiada distancia y recién acabábamos de bajar de una autocar en el que habíamos estado diez horas. Por consiguiente, decidimos ir a Cuenca, ciudad intermedia para repartir de este modo un poco el trayecto. Hay que decir que esta ciudad es acogedora, y contribuye a ello su bien estudiada arquitectura y la calidez que trasmiten sus calles. Además, tuvimos la suerte de recalar en este lugar justo cuando se celebraba la feria del dulce, un lujo si, como en nuestro caso, sois golosos por naturaleza.

La ciudad está dividida por el río Tomebamba, que delimita claramente lo que es ciudad nueva y ciudad vieja. Estuvimos en Cuenca cuatro días, de los cuales uno lo pasamos en la cercana localidad de Baños. Allí, aprovechamos para tomar unos baños termales al aire libre y descubrimos que es muy placentero estar en una piscina de agua clienta mientras sientes en la cabeza las gotas de una lluvia suave pero fría como el día. El contraste es genial. Nos equivocamos al considerar a Cuenca como ciudad de paso, ya que es un lugar que ofrece más de lo que en principio parece.


Una vez abandonamos Cuenca, nos dirigimos hacia Quito. Llegamos por la mañana, a eso de las 8. Hay que decir que la terminal de autobuses de Quito es un lugar muy desagradable, muy inseguro. Es un lugar al que, a ser posible, hay que evitar recalar de noche. Cogimos un taxi para ir al centro de la ciudad. En la radio, escuchamos una noticia que nos sorprendió mucho. Nos comenzamos a dar cuenta de cómo era Ecuador. La noticia decía que acababa de ser nombrado ministro una persona que recién salía de la cárcel por cometer un delito de estafa. El taxista esbozó una sonrisa, como si ya estuviera familiarizado con este tipo de noticias.


Llegamos hasta el barrio de La Mariscal, allí nos alojamos en el Hostal ‘The Bask’. Nos dieron una habitación privada y con llave. A pesar de ello, y como siempre, escondimos nuestro ordenador portátil debajo de la cama. Aquella tarde salimos a pasear un poco. Caminando por la ciudad, nos dio por entrar a una cafetería a tomar algo. Después de charlar un rato, se acerco a nosotros la dueña del local. Resulta que nos había escuchado hablar en catalán y precisamente ella era de Barcelona, sólo que ya hacía 20 años que vivía en Ecuador. Estuvimos un par de horas conversando con Maria Rosa y al final quedamos para al cabo de tres días irnos juntos de excursión a la ciudad de Otavalo.
Al regresar al hostal, comprobamos que habían puesto en nuestra habitación una cama de más. No le dimos mayor importancia al hecho, eso sí, después de comprobar que nuestro ordenador permanecía en el mismo sitio

Al día siguiente, sobre las diez de la mañana, salimos del hostal con la intención de pasar el día en la ciudad. Fuimos al centro histórico, y creemos que no nos equivocamos al afirmar que es uno de los centros más bonitos de todas las ciudades que hemos visitado. Regresamos al hostal sobre las seis de la tarde. Al entrar en nuestra habitación, lo primero que hicimos fue ir a sacar el ordenador, ya que debíamos descargar las fotos que habíamos hecho... pero el ordenador no estaba. Todo en la habitación estaba en perfecto orden, tal como lo habíamos dejado, salvo que nuestro ordenador había desaparecido. La puerta no presentaba ningún indicio de haber sido forzada. Incluso estaba cerrada cuando nosotros entramos. Inmediatamente, fuimos a buscar a los dueños del hostal. En aquellos momentos, la única persona que había era un trabajador, el mismo que el día anterior había entrado a la habitación a poner una cama adicional. Le dijimos que localizara a los dueños del hostal, que debíamos hablar con ellos urgentemente. Realizó unas llamadas telefónicas, pero no consiguió dar con ellos. Al cabo de una hora y media, y cansados de esperar, decidimos llamar a la policía. Al cabo de diez minutos, se personaron dos agentes. Aquellos hombres, más que policías, parecían personajes de cómic. El más alto de ellos, tenía una cara de empanado que no se la sacaba de encima, y sus ojos rojos e hinchados nos hacían creer que se acababa de fumar un porro. Como mínimo, su conducta así lo hacia pensar. El más bajito no decía nada y se limitaba a ir de un lado para otro. Los dos, en conjunto, no daban precisamente una imagen temible. Los llevamos a nuestra habitación a mostrarles que no había ningún signo de que la puerta había sido forzada. Justo en ese momento, alguien subió las escaleras apresuradamente y empezó a chillar: ¡Policía, policía! ¡Están linchando a un hombre!
Bajamos todos corriendo hacia la calle. El agente bajito, que parecía incapaz de hacer daño a nadie, se transformó completamente y empezó a darle puñetazos a un hombre que parecía estar drogado. Nosotros nos escondimos detrás de la puerta, no queríamos estar en medio de aquella trifulca. Se oían gritos de alguien que decía: ¡Ha matado a mi hijo, ha matado a mi hijo! Cuando las cosas se empezaron a calmar, llegaron los dueños del hostal. Cuando el incidente se hubo resuelto, entramos al hostal para aclarar nuestro caso.


Increíblemente, los propietarios del hostal, además de ponerse a la defensiva y dejar claro que ellos no se responsabilizaban de nada, parecían querer decir que la culpa era nuestra por poseer objetos de valor. Los policías, menos mal, se pusieron de parte nuestra. Pero no por deducción propia o por valorar el caso lógicamente, sino que se limitaban a repetir lo que nosotros decíamos. El agente alto, que parecía muy simple, reclamó nuestra atención. Se puso la mano en la barbilla y miro hacia el suelo con un gesto que pretendía resultar interesante. Parecía que aquel hombre iba a resolver el caso, que iba a decir algo importante: “Aquí alguien ha entrado sin forzar la puerta. Ha entrado con llave”. (¡Dios!!! ¡Eso lo habíamos dicho nosotros como mínimo cuatro veces!!!!). Los propietarios del hostal cada vez resultaban menos amistosos. La conversación dejó de ser tal y acabo resultando una discusión acalorada. Por exigencia nuestra y de la policía, marchamos todos hacia comisaría a poner la correspondiente denuncia.

Aunque nuestra sospecha hacia los empleados del hostal era fundada y muy lógica, no nos amparábamos a este hecho, sino que nuestra reclamación obedecía simplemente a la petición de responsabilidades por parte de los propietarios, fuera quien fuera el autor material del robo, ya que en cualquier caso la custodia de la llave con la que se abrió nuestra habitación recaía plenamente en ellos.
Momentos antes de imponer la denuncia, tuvimos los cuatro, nosotros dos y los propietarios, una conversación. En ella, aclaramos varios puntos:
En primer lugar, que las posibilidades de que nuestro ordenador apareciera eran nulas. En segundo lugar, que aunque ellos no fueran los autores materiales del robo, sí en cambio existía una responsabilidad que como propietarios del negocio debían asumir.
En tercer lugar, que éramos conscientes de que sería mucho más provechoso para todos el hecho de llegar a algún acuerdo amistoso con el cual intentar lograr el beneficio común. Nos informaron en la Jefatura de Policía que nosotros teníamos derecho a presentar una denuncia por robo, y posteriormente otra denuncia, esta vez a modo personal y contra el hostal. Realmente, a nadie le convenía esta segunda denuncia, ya que por parte nuestra el problema seguía existiendo, que era la desaparición de la computadora, y en cuanto a ellos, aquella denuncia contra su establecimiento podía acarrear muchos inconvenientes.


La mejor solución que encontramos, fue una compensación económica por parte de ellos hacia nosotros de 750 dólares. Por lo menos, aquella cantidad de dinero nos podría ayudar a comprar un nuevo ordenador.

Por civismo y porque a todos nos interesaba que se pudiera encontrar al autor material del hurto, acordamos poner la denuncia por robo a modo impersonal y dejar la definición de nuestro posible pacto para el día siguiente, ya que en aquellos momentos era medianoche.
Pero al día siguiente todo fue diferente. Y por una sencilla razón. Nosotros, por ser turistas, a nivel legal no podíamos hacer nada ya que nuestra situación de paso nos impediría hacer el seguimiento de cualquier proceso judicial.
Los propietarios del hostal hablaron con su abogado, el cual les dijo esto. A partir de aquel momento, su actitud fue muy hostil. No sólo se echaron atrás en cuanto al pacto apalabrado el día anterior, sino que incluso nos echaron del hostal. Sabían perfectamente que nuestra condición nos hacia vulnerables, así que se aprovecharon.
Encontramos otro hostal no muy lejos de allí, todavía en el barrio de La Mariscal. El lugar era bonito, bastante limpio. Parecía un lugar seguro... pero los sucesos del día siguiente mostraron que no.
Y es que aquel día, al regresar por la noche, cuando tan sólo estábamos a 15 metros de la puerta del hostal, vimos como un grupo de unas 10 personas asaltaba a un turista. Era inútil intentar ayudar a ese chico, ya que eran demasiados como para poder hacer algo. Nos dirigimos corriendo hacia el hostal, ya que parecía que un par de ellos venían hacia nosotros a asaltarnos. Llegamos a la puerta del hostal y llamamos rápidamente. El portero tardo mucho en abrirnos. O quizás no fue tanto, pero los 20 segundos que necesitó para llegar a la puerta se nos hicieron eternos. Tal como nos abrió, le dijimos que llamara a la policía, que estaban asaltando a una persona. Nos dijo que ya lo había hecho, pero que la policía había dicho que no iba a venir. El portero nos explicó que aquella calle era un punto donde se traficaba con drogas. La policía nunca acudía a vigilar... ya que son cómplices de los que venden droga. Cuando ya casi nos habíamos recuperado del susto, se empezaron a escuchar gritos desde la calle. Acto seguido, se oyeron 3 disparos de bala. Uff! Aquello ya era demasiado. Al día siguiente, de nuevo a buscar otro hostal.
Nos ayudó a encontrar un buen lugar Maria Rosa, la mujer que era de Barcelona. Lo hicimos al regresar de una excursión que hicimos por Otavalo (un lugar donde nosotros habíamos estado el día antes para ver su impresionante mercado) y por el lago Cuicocha. Nos acompañó en esta excursión el hijo de ella, Fernando.

A Maria Rosa no le pareció extraño todos los sucesos que nos estaban pasando. Ecuador es un sitio donde has de acostumbrarte a estas cosas. Sin ir mas lejos, Maria Rosa enviudó porque a su marido lo mataron de un disparo en la cabeza... para simplemente robarle el coche. Otra vez asaltaron su casa cuando ella no estaba y torturaron a sus dos hijos para que les dijeran dónde estaba la caja fuerte del piso. Lo peor es que ni siquiera tenían caja fuerte, lo que propicio que les hicieran daño para conseguir información. A la hija le arrancaron una uña de la mano y al hijo le apuñalaron en el abdomen.
¡En fin! Que poco a poco le íbamos cogiendo miedo a este país. Todo el mundo parecía que tenía una mala experiencia por contar, ya que Maria Rosa no era la única que nos decía que Ecuador era un lugar peligroso. El día que pasamos de excursión con Maria Rosa nos sirvió como pequeño descanso en nuestro tema del robo del ordenador. Y también para prepararnos un buen escrito, ya que por ser presidente y vicepresidenta de una ONG, el caso había llegado hasta la propia ministra de turismo, que delegó el caso al subsecretario.

Pusimos todas nuestras esperanzas en este señor, confiando que su posición le permitiera hacer alguna cosa. Pero el subsecretario, después de una buena charla, nos dijo que lo mejor que podíamos hacer era ir a la Cámara de Turismo, una entidad privada. Y nos lo dijo porque al ser un organismo privado, no habría ninguna posibilidad de soborno. Es decir, el mismo subsecretario nos dijo que todo estamento oficial en Ecuador, policía incluida, eran organismos en los que no debíamos confiar.
Aquello ya era definitivo. De hecho, en la embajada española ya nos dijeron que en Ecuador ellos nada podían hacer ya que todo el sistema está corrupto.
Así que, como última opción, fuimos a la Cámara de Turismo, donde pusimos una denuncia que, a diferencia de la judicial, sí que sigue adelante a pesar de que no estemos presentes. Además, el plazo es de 3 meses, muy lejos del año y medio, lo que tardaría un proceso judicial. Puesta la denuncia, tan sólo nos quedaba, para cerrar todo este asunto, acompañar a los policías a hacer la investigación al hostal.

Os prometemos que lo que vamos a contar es verídico, y que con ello os haréis una idea de cómo funciona la policía en Ecuador.
En primer lugar, tuvimos que dejarles nuestra cámara fotográfica a los investigadores para que hicieran fotos del hostal. Ahí estuvimos apenas 20 minutos, los necesarios para tomar fotos y para citar a declarar a los propietarios. Después, nos llevaron a nosotros a tomarnos declaración. Nos dijeron los agentes que como en comisaría habían pocos ordenadores, íbamos a ir a un cyber a hacerlo. Afortunadamente, no tuvimos que dar este lamentable paso ya que al final habían ordenadores libres en comisaría.

El escrito que hicieron aquellos agentes fue sencillamente patético. Aquellos hombres no tenían ni idea de escribir y su ortografía era propia de un niño de parvulitos. ¿Cómo se pueden cometer 4 faltas de ortografía en una misma palabra? (avitasion para referirse a habitación). Éramos nosotros los que íbamos dictando lo que debían escribir y cómo debían hacerlo ya que su ineptitud era exagerada. Tuvimos que para diez segundos en hacer la declaración, ya que allí mismo había una niña de unos diez años pidiéndonos limosna. ¡En el cuarto piso de la Jefatura Policial!!!!!!
Una vez acabamos la declaración, los agentes nos dijeron que nos iban a hacer el interrogatorio. No es que hayamos visto demasiadas películas, pero nos imaginábamos enfrente de los agentes, contestando sus innumerables preguntas, intentando no caer en las trampas que seguramente nos pondrían, intentando que aquellos hombres no consiguieran ponernos nerviosos.
¡Pues no!!! ¡La verdad es que no nos pusimos nerviosos!!! Y es que el interrogatorio comenzó con una pregunta sorprendente: ¿Qué queréis que os preguntemos?
Sí, así como lo oís. Nos hicimos el interrogatorio a nosotros mismos. Nosotros nos hacíamos las preguntas y nosotros mismos nos las contestábamos.

Para poner un buen broche final a nuestro periplo en la Jefatura Policial, los agentes nos dijeron que aquello tenía que ser firmado por un abogado que nos costaba 20 dólares. Evidentemente pagamos aquella cantidad sabiendo que aquellos 20 dólares se los iban a quedar ellos. Si no, ¿por qué nos hicieron salir del edificio e ir a una librería que había enfrente en el momento de darles el dinero? ¡En fin! Que si teníamos que confiar en la policía para encontrar una solución a nuestro problema, podíamos esperar sentados. Nuestra única esperanza era que la Cámara de Turismo pudiera hacer algo, así que lo único que podíamos hacer a estas alturas era dar el caso por cerrado y esperar.
Al día siguiente, decidimos ir a Papayacta. Nos habían dicho que allí habían unos baños termales espectaculares, ya que el agua viene directamente de los volcanes. Fue impresionante ir allí, y si alguna vez pasáis por Quito, os recomendamos acercaros a este lugar. Otro lugar que vale la pena visitar es la Ciudad del Fin del Mundo. Es el sitio exacto donde está la división entre el hemisferio norte y el hemisferio sur.

Uno de aquellos días, nos robaron en el autobús nuestro monedero. Tuvimos mucha suerte, ya que en aquellos momentos tan sólo llevábamos 9 dólares. Creemos que cualquier delito, por pequeño que sea, ha de ser denunciado. Por ética, ha de darse constancia de cualquier delito, ya que el no hacerlo creemos que es una falta de civismo. Pero en aquel caso no lo hicimos, como respuesta lógica a todo lo que habíamos visto los últimos días. Además, seguro que tendríamos que pagar 20 dólares más para que se firmara la denuncia, y de esta manera al final nos habría robado más la policía que el carterista.

Pero Quito aun nos tenía preparada otra sorpresa. Un día, sobre las 12 de la noche y cuando ya estábamos dispuestos a dormir, se empezó a mover todo mientras se oía un ruido tembloroso. Nos levantamos de la cama rápidamente, ya que no tardamos en comprobar que estábamos sufriendo un terremoto. Fue un temblor de 4.5 grados y, afortunadamente, sólo duró 10 segundos. La gente al día siguiente comentaba por las calles que si hubiera durado un poco más se hubieran tenido que lamentar desperfectos considerables.
Cuando decimos que en Quito no tuvimos suerte no lo hacemos gratuitamente. El último día allí, teníamos preparada una excursión a uno de los puntos que más ilusión nos hacía: El volcán Cotopaxi, aún activo. Cuando salimos del hostal el día era espléndido, pero cuando llegamos por la zona del volcán, el día se había girado. Un montón de nubes bajas nos impidieron ver el Cotopaxi, así que nos fuimos de allí sin ni siquiera saber que forma tenía.
Ya quedaba poco para irnos de Quito, pero la verdad es que los últimos días se nos hicieron eternos. Teníamos ganas de irnos.

Evidentemente, y tal como hemos dicho al principio de la crónica, varias de las cosas que nos pasaron allí nos podrían haber pasado en cualquier lugar del mundo. Pera hay muchas cosas que nos pasaron que no son casualidad, sino hechos que muestran la realidad de un país. Como por ejemplo, una cosa que nos sorprendió desagradablemente. Por toda la ciudad, hay unas publicidades que permanecen impunes en las paredes de todas las calles. Se trata de una empresa que se dedica a borrar los antecedentes policiales que tengas. Es decir, pagas una cantidad y desaparece cualquier delito que hayas cometido. Y esta publicidad invade toda la ciudad como si fuera un anuncio de pasta de dientes, de automóviles o de comida. Lo peor no es que haya una empresa que se dedica a esto, sino que hay alguien en las altas esferas policiales que se dedica a borrar información a cambio de dinero. Y todo el mundo lo sabe y todo el mundo lo acepta. Pensar que, por ejemplo, la persona que mató al marido de Maria Rosa puede estar en la calle porque pudo pagar cierta cantidad de dinero, es algo que indigna.
En Quito, por primera vez desde que empezamos nuestro viaje, hemos tenido la sensación de estar en un país que no esta preparado para recibir turismo. En la oficina principal de información turística, ni siquiera tenían un mapa de la ciudad. Además, dos veces nos dieron información equivocada. Nunca en otro país habíamos tenido un problema a la hora de llegar a un punto de interés de la ciudad. En Quito, un par de veces perdimos casi toda la mañana en averiguar cómo se llegaba a un lugar. Una vez casi abandonamos porque parecía imposible encontrar el sitio donde queríamos ir.
Otra vez, fuimos a ver unas ruinas arqueológicas. No pudimos hacerlo porque el camino de acceso pasaba por el jardín de una propiedad particular. La señora de la casa, aquel día, había cerrado su jardín y por lo tanto nadie que quisiera ir a ver las ruinas podía pasar. ¡En fin!!! Una serie de cosas que hacen pensar que mucho ha de mejorar Quito si quiere ofrecer un servicio de turismo mínimamente digno.


Y después de Quito… en principio teníamos que ir a Panamá para recorrer Centroamérica, pero finalmente cambiamos la ruta hacia EEUU por diferentes razones.
En primer lugar, que un vuelo a Panamá (obligatorio desde Ecuador porque entre Colombia y Panamá hay selva y no hay carreteras) salía casi igual de precio que uno a New York. Además, si decidíamos recorrer Centroamérica, hubiésemos tenido que dedicar como mínimo 2 meses más a este continente y al final casi no nos quedaría tiempo para ir a Asia. También en New York, quién sabe, podíamos encontrar algún trabajillo temporal y así recuperarnos un poco económicamente. Pero otra razón de peso fue el hecho de querer conocer la sociedad estadounidense. Después de pasar 6 meses por Sudamérica, la parte explotada, queríamos ver el otro lado de la moneda, es decir, la parte que explota. Después de los acontecimientos de los últimos años, en los que EEUU ha jugado un papel nefasto, queríamos ver si la sociedad norteamericana es consciente de todo lo que pasa o simplemente están mal informados o manipulados. Si son conscientes también del papel histórico de su país, de cómo han conseguido ser la primera potencia mundial. Como os decimos, después de 6 meses percibiendo un antiamericanismo muy evidente alrededor de Sudamérica, queríamos ver el lado contrario, queríamos ir a “casa de los malos”.

Así que, el 15 de Junio, hicimos las maletas sin tener muy claro qué era lo que más ilusión nos hacía, si ir a Nueva York o simplemente marcharnos de Ecuador.





4 Comentarios
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22/01/2014 - MIJAIL
Upssss, mi pareja y yo estamos planeando un viaje al rededor del mundo y estaremos 7 días en Quitos y sus alrededores...y esto nos ha asustado un poco. Gracias por compartirlo; tendremos en cuenta vuestra experiencia.
11/06/2014 - diego singaucho
quito ciedad turistica a la ves reconocida por sus lugares y comidas tipicas.
29/12/2014 - una opinión
Buenas,

Veo que esta publicación es del 2005 y que han pasado nueve años, y puedo afirmar que no es asi porque he viajado este año ahí, exactamente estuve un mes y no tuve ningun problema y por suerte ninguna mala experiencia en todos los aspectos.
La verdad que en parte me duele juzgar a un pais asi, casualmente no vivisteis buenas experiencias y que pena, pero nno se le puede juzgar o descalificar, porque por lo que he leído también habéis tenido buenas experiencias, es que no se puede juzgar a un país por su mala experiencia.
También tengo que decir que yo vivo en Barcelona y sinceramente no es que sea de las ciudades más seguras y también no hablemos de la seguridad de aqui, claro que tampoco hay que comparar pero no se...
Bueno me alegro que volvieráis y disfrutaséis y espero que con mejor sabor de boca.
Una mala experiencia pero cuando uno viaja hay que ir con la mente abierta y también la gente que quiere conocer lugares tampoco se deje influenciar, porque cada uno tiene su propia experiencia....con miedo no se va a ningun sitio.
Qué les vaya bien!
9/04/2015 - Bluebird-planet
Leo vuestro relato un poco tarde .. han pasado casi 10 años, pero en fins.. yo solo queria comentaros que nos amargueis con lo que os paso, yo estuve no hace mucho 2 meses enteros recorriendo todo el Ecuador continental y no me paso absolutamente nada, y conoci gente maravillosa .. en todos los lugares cuecen habas hasta en nuestra querida Españistan, solo hay que ver la que esta cayendo ahora con casos de corrupcion casi a diario. Solo fue una mala experiencia mochilera, a todos nos ha pasado alguna, pero a pesar de todo la experiencia de viajar es impagable.

 
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