EL PARQUE NACIONAL DE TORRES DEL PAINE EN CHILE
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Jueves 03-02-2005

EL PARQUE NACIONAL DE TORRES DEL PAINE EN CHILE


Con la intención de dirigirnos al Parque Nacional Torres del Paine, desde Ushuaia fuimos a Punta Arenas, Chile. Allí nos hospedamos un par
de días en el Hostal Costanera, regentado por una señora encantadora, Teresa. En ese ambiente cálido y familiar, conocimos a Gerard, un
chico francés que con su gracia y su peculiar acento nos hizo reir un montón. También conocimos a Pepe y Cathy, una pareja chilena.
Gracias a ellos preparamos lo que sería nuestra estancia en el Parque. Durante aquellos días, aprovechamos para visitar la ciudad y
rápidamente nos percatamos de la diferencia del costo de vida con respecto a Argentina, mucho más alto en Chile.

Finalmente, fuimos a Puerto Natales, la ciudad desde donde se puede acceder al Parque Nacional. Como llegamos por la tarde, nos
hospedamos en un hostal que nos recomendó Teresa. Pasamos allí, en el hostal Dumestre, una sola noche. Aprovechamos para redistribuir
nuestras mochilas y dejar parte del equipaje en el hostal con el fin de reducir al máximo el peso. A la mañana siguiente, a eso de las siete
partíamos hacia el Parque, donde llegamos a las once.

Tan sólo llegar pudimos comprobar, tal como nos habían advertido nuestros amigos, lo caros que eran todos los servicios. Habíamos hecho
bien en llevar comida y provisiones que necesitaríamos durante los seis días que íbamos a permanecer allí. Alimentos energéticos y comida
precocinada (pasta, sopas...) que podíamos calentar con el fogón que habíamos comprado en Punta Arenas.
En el Parque Nacional hay dos rutas generales, la que da la vuelta a todo el Parque, también llamada “O”, y la que pasa por los puntos más
importantes (Las Torres, Los Cuernos y el Glaciar Grey), también llamada “W” debido a su trayectoria.
La primera ruta era muy larga y difícil, la segunda más asequible. Por descontado que optamos por la segunda, pues nosotros somos unos
simples aficionados al “trekking” y para empezar ya era suficiente. El primer día caminamos unas seis horas, cuatro de ellas cargando con
nuestras enormes mochilas. Fue un comienzo bastante duro, pues ese tramo de la ruta tenía una pendiente considerable. En el Parque
había varias zonas de camping libre (campamentos) y además habían campings privados e incluso albergues. Estos últimos eran carísimos,
precios totalmente europeos. Nosotros optamos la mayoría de días por los campamentos, pues estaban en zonas más bonitas, con río en
los lados que te permitía coger agua (el agua es potable porque viene del deshielo), cocinar, mantener la higiene, etc... Además, eran
gratuitos, punto muy a favor teniendo en cuenta que nos debíamos recuperar económicamente ya que la semana anterior perdimos 200
dólares (o más probablemente nos robaron).

Así pues, la primera noche la pasamos en el Campamento Las Torres, justo en la base de Las Torres, y aprovechamos aquel mismo día
para subir a verlas. El segundo día fueron unas ocho horas caminando, todas ellas con mochilas. Llegamos al Camping Los Cuernos
destrozados, pues la ruta fue mucho más difícil de lo que nos habíamos podido imaginar.

Durante el camino nos encontramos de nuevo a Pepe y Cathy, y además conocimos a otra pareja de chilenos, Paulo y Maricela. A estos
últimos los conocimos en el periplo de cruzar un río que bajaba con una gran corriente y donde no había ni puente ni pasarela. Al final
acabamos todos con el calzado mojado, pero sanos y salvos. Desde entonces, ya no nos separamos durante el resto de la ruta. Entablamos
los seis una preciada amistad, congeniamos muy bien. Lo mejor de todo es que al despedirnos no tuvimos que decirnos un “hasta siempre”,
ya que nos volveremos a reunir de aquí aproximadamente un mes en Santiago, donde viven los cuatro. En las largas charlas en las que
nuestra nuestra alimentación no muy variada nos acababa haciendo hablar de comida, nos prometiron que en Santiago nos iban a enseñar
lo que era un buen asado, un “terremoto”, un melón relleno de vino blanco con hielo y un café con piernas. Lo tenemos apuntado, je, je.

El tercer día llegamos al Campamento Italiano, cerca del Glaciar Francés, a donde fuimos al día siguiente. Allí, la montaña nos obsequió con
el espectáculo de unos cuantos aludes de nieve. Cada uno de ellos venía precedido de un sonido parecido al de un trueno.Era sencillamente
impresionante. Al día siguiente fuimos al Camping Gran Paine, donde nuestros amigos acamparon y desde donde nosotros iniciamos la
caminata en dirección a la salida del Parque. Aquel día llegamos a caminar más de seis horas, pero el terreno no era tan complicado como
los días anteriores y nos resultó mucho más fácil. Acampamos en el Campamento Las Carretas, al lado del río Grey.

Al día siguiente, en dos horas nos plantamos en la salida del Parque, donde cogimos de nuevo el autocar que nos llevaría de vuelta a
Puerto Natales. Finalmente no hicimos toda la ruta “W”, pues nos faltó llegar al Glaciar Grey. Desestimamos esta opción porque
precisamente el siguiente punto de nuestro viaje era el glaciar Perito Moreno, en Argentina, mucho más espectacular por lo visto. No
íbamos a torturarnos prolongando nuestra caminata, la cual, para unos principiantes del “trekking”, no estaba nada mal. Así, como el que
no quiere la cosa, caminamos unos 60 kilómetros en seis días, el 90% de ellos arrastrando una mochila de unos 13 kilos cada uno. Para
nosotros, fue todo un reto. Necesitamos dos días para recuperarnos... las ampollas en los piés, las cervicales contracturadas, las piernas
molidas... ¡en fín! ¡Hechos una pena!... pero con la memoria llena de bellos rincones i de experiencias inolvidables.




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