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Jueves 24-02-2005

LOS ANDES ARGENTINOS


Del mar a la montaña, del Atlántico a los Andes. En una noche de viaje atravesamos Argentina. La vista se nos perdió en el horizonte de la inmensidad de la estepa. Así llegamos a Esquel, una ciudad al lado de la sierra pero donde se respira aún el aire caliente y seco de la explanada patagónica. Nos alojamos en un hostal, justo al lado del ayuntamiento de la ciudad, llamado ´Casa del Pueblo´.

Una vez instalados, fuimos a explorar la ciudad y a informarnos en la oficina de turismo. Al día siguente hicimos la excursión de ´La Trochita´, que todo el mundo nos había recomendado. ´La Trochita´ es un antiguo tren a vapor conservado en su estado original. Forma parte de lo que fue el gran proyecto de ferrocarriles patagónicos de principios del siglo pasado, pero que nunca se llegó a culminar. Hoy en día se hace servir exclusivamente con motivos turísticos. El trayecto, en su origen destinado a cubrir las rutas comerciales más importantes para las industrias del momento, hoy es acotado hasta Nahuel Pan, una estación a 22 km de Esquel donde unas cuantas familias mapuches (una de las etnias originarias) que habitan cerca de allí viven del comercio con los turistas. Durante el viaje el guía nos explicó la historia del tren, la diferente flora y fauna de la zona y también el hecho que se está produciendo actualmente en Esquel y que nos sorprendió mucho.

Resulta que hace un par de años una empresa canadiense con capital norteamericano decidió construir una mina en una de las montañas de Esquel con el fin de extraer oro, plata, níquel y otros elementos de preciada rentabilidad. Para conseguir esto se utilizarían materiales altamente tóxicos, como el cianuro. Curiosamente esta práctica está prohibida en el país de origen de la empresa. Los habitantes de Esquel comenzaron a investigar los efectos que tendría este hecho y se enteraron de varias cosas:
- la explotación duraría 10 años en los cuales se destruiría por completo el perfil de una montaña debido a las explosiones diarias con dinamita.
- que para extraer los metales se utilizaría cianuro (a cielo abierto) provocando la contaminación ambiental y de las aguas.
- que el consumo de agua diario sería mayor que el consumo total de la población de Esquel por día.
- que los beneficios económicos para el pueblo serían insignificantes.
- y que los pocos lugares de trabajo que se crearían serían con condiciones precarias con el fin de evitar indemnizaciones en caso de enfermedad.

Es por esto que se hizo un plebiscito en el que un 81% de la población dijo NO a la mina. El plebiscito, aunque no era vinculante, sirvió para saber qué es lo que pensava la gente. A día de hoy, el proyecto está paralizado pero la empresa continua manteniendo sus oficinas en Esquel. La gente teme que finalmente la mina se va a acabar construyendo, apoyada por las autoridades, así que continuan luchando para evitarlo... Ojalá lo consigan.

Al día siguiente fuimos al Parque Nacional Los Alerces. Tan sólo bajar del autocar, conocimos a dos chicos, Juan y Mikael, con los que acampamos y de los que ya no nos separaríamos durante toda nuestra estancia en el parque. Los primeros dos días estuvimos en la zona del lago Futalaufquen, donde hicimos un par de excursiones para ver unas pinturas rupestres y unos saltos de agua preciosos. Las noches eran muy entrañables, pues hacíamos una cena común al lado del fuego. Tan sólo tuvimos un par de pequeños inconvenientes: durante el día, las abejas, y durante la noche, los mosquitos.
En nuestro tercer día en el Parque, fuimos a la zona del Lago Verde, pero se pasó el día lloviendo. Como imaginamos que no pararía, decidimos regresar hacia Esquel. Nos hizo mucha pena separarnos de nuestros amigos, pues nos lo estábamos pasando muy bien. Con Juan no podías para de reir, pues además de querer argentinizarnos y hacernos hablar con su acento, tenía unas ocurrecias insólitas y divertidas. Mikael, de origen francés pero con residencia en Buenos Aires, con su seria aparencia continuamente nos sorprendía con su genial humor francés. Esperamos estar en contacto con ellos... “¡Chicos, fue buenísimo conoceros!”.

Tal como habíamos imaginado, no paró de llover durante los días siguientes, así que enfilamos el camino hacia ´El Bolsón´, una población a tan solo dos horas de allí. Comprobamos inmediatamente que aquella ciudad era especial y muy diferente a las demás poblaciones patagónicas. ´El Bolsón´ tiene un encanto especial: rodeado de montañas verdes, muy bien cuidado y lleno de detalles preciosos como los cartelitos de las tiendas, de madera tallada. Casi todas las casas son también de madera, a difernecia del Sur donde son de Zinc. Si alguna cosa se puede decir que caracteriza a ´El Bolsón´ es que todo se hace de forma artesanal: la cerveza, los helados, los yogures, la mermelada... todo buenísimo, pero lo que más nos llamó la atención fue la variedad de cerveza (negra, rubia, afrutada, etc.) de la que recomendamos fervientemente la afrutada de frambuesa, que es realmente exquisita. Se pueden visitar las diferentes fábricas de cerveza, donde hay degustación y donde incluso se puede comer.

Los sábados, hay una feria de artesanos que es magnífica. Puedes encontrar piezas de madera tallada, tejidos de lana y algodón, hierbas medicinales y aromáticas, joyas y bisutería, frutos silvestres, etc. Lo que más nos gustó, es que todo el mundo se reune en torno a esta feria y pasea, come y pasa el rato en la plaza.

En ´El Bolsón´ se pueden hacer infinidad de excursiones, de todo tipo y de cualquier grado de dificultad, pues tan solo hace falta salir un poco de la ciudad y te encuentras entre los caminos del bosque. Nosotros, esta vez más relajados, hicimos la excursión de ´la cabeza del indio´. Por un camino subes a una montaña hasta llegar a una zona rocosa donde se puede apreciar perfectamente el perfil de un rostro humano que parece estar chillando. Más arriba hay un mirador donde se puede disfrutar de una vista panorámica de todo el valle. Allí nos encontramos con una pareja de argentinos. Como tantas otras veces, surgió el tema de la economía del país y de lo que significó para ellos la crisis económica del 2001. Fue todo un caos, una convulsión para todos, pues de un día para otro las famílias se quedaron sin los ahorros de muchos años y las condiciones de vida bajaron drásticamente. Al mismo tiempo aumentó la delincuencia y la sensación de inseguridad derivó en una especie de psicosis colectiva. Actualmente parece que el país se recupera poco a poco, pero hay mucha gente que aún lo está pasando muy mal. Sin ir más lejos, el otro día conocimos una chica que trabajaba en una panadería. Su sueldo era de 500 pesos mensuales (unos 125 Euros). Un alquiler medio en Buenos Aires ja cubre esta cantidad...
Bajamos del cerro y todo pareció fundirse; la mina de Esquel, la situación económica de Argentina, el incendio que se estaba produciendo en Torres del Paine donde habíamos estado recientemente... y el Indio de las rocas chillando.

Nuestro camino seguía hacia el norte. Bariloche, la capital de la Patagonia andina, nos recibió con un tiempo no muy agradable. Un fuerte viento, acompañado por una lluvia torrencial y una temperatura bastante baja, provocó que, aquel primer día, apenas saliéramos a tomar un té en una cafetería con preciosas vistas al lago Nahuel Huapi.
La ciudad de Bariloche parece estar unido a dicho lago, ya que en todo lo que es su perímetro longitudinal, las aguas bañan toda su costa. La ubicación de Bariloche es excepcional. La ciudad se encuentra frente al lago, y, detrás de éste, se halla la cordillera de Los Andes. Por tal razón, es posible estar en la plaza céntrica de la ciudad y desde ese mismo punto observar la inmensidad del lago Nahuel Huapi con las montañas de fondo. ¡Un lujo para la vista!!!

En la plaza central de Bariloche se halla el Centro Cívico, un conjunto de bloques arquitectónicos de piedra y de madera de un color canela que da calidez a un lugar donde el paso es obligado.
Pero Bariloche ofrece más, mucho más. Su calle principal es un hervidero de gente paseando por unos comercios de muy cuidada imagen, de muy estudiado estilo. Siguiendo por esta calle, y girando a mano izquierda, encontramos la catedral. De nuevo el lago y las montañas prestan un fondo de película y la visión de esta catedral con semejante escenario es algo digno de recordar.
Pero si de verdad se quiere tener una visión global de la zona que rodea Bariloche, el mejor lugar para hacerlo es el Cerro Campanario. Desde allí se puede contemplar la magnitud del lago Nahuel Huapi, con sus ramificaciones y sus bosques colindantes.

Más allá del Cerro Campanario, se halla la zona del Llao-llao, paraje de una belleza insultante donde un hotel de 5 estrellas ocupa un lugar privilegiado. Dicho hotel es sencillamente impresionante, y lo reafirma el hecho de que incluso se ofrece a los turistas una visita guiada por su interior.
En Bariloche estuvimos cinco días, y el único inconveniente que encontramos fue la climatología, que nos privó de realizar algunas excursiones que teníamos planeadas.
En nuestro peregrinaje hacia el norte del continente sudamericano, nuestro siguiente destino fue Villa La Angostura, un pueblo situado a apenas 100 Km. El Lago Nahuel Huapi, y de nuevo recreándonos en su inmensidad, también baña las costas de Villa La Angostura. Y por lo visto, otra cosa en común con Bariloche era el fastidioso tiempo lluvioso.

En el albergue donde nos hospedamos, tan solo llegar conocimos a Eduardo, un chico también de Barcelona. Hay que decir, como dato curioso, que en nuestros casi tres meses de viaje hemos podido comprobar, ratificado por los dueños de los albergues a los cuales vamos, que de los españoles los que más viajamos somos los barceloneses, seguidos por los vascos y por los madrileños.
A Eduardo se le notaba un ápice tristón, ya que en apenas unos días debía regresar a su casa después de 6 meses viajando. En su mente sólo había una ambición, la de estar en Barcelona el tiempo justo para ahorrar lo suficiente como para de nuevo volver a realizar un viaje largo.

También en el albergue conocimos a Derek, un chileno de Santiago apasionado de los coches. Y también a Esteban y Pilar, una pareja de argentinos con los cuales al día siguiente hicimos una excursión al Parque Nacional Los Arrayanes. Para llegar allí, tomamos un catamarán que en apenas 45 minutos nos dejó en el embarcadero del Parque, cuyo nombre responde al hecho de que se halla repleto de unos arbustos llamados Arrayanes. Dichos arbustos, son de un especial color canela y pueden llegar a tener 700 años. Crecen muy lentamente, aproximadamente un centímetro por año, y en sus formas se adivina la titánica lucha que tienen por aflorar a la superficie del bosque para obtener el beneficio de la luz solar. Otra característica sorprendente que tiene esta planta es que si tocas las ramas están frías, pues tiene unas raíces muy largas que mantienen de forma excelente la humedad.
Villa La Angostura es un pueblo pequeño, familiar, y por las calles uno se da cuenta de que la gente allí vive feliz, probablemente sintiéndose afortunada de pertenecer a un lugar donde la ciudad y la naturaleza parecen querer fundirse.
Después de tantos días de frío y lluvia, no era demasiado improbable que uno de los dos enfermara. Así fue, así que nuestro último día en Villa La Angostura apenas salimos del albergue para comprar las cosas necesarias. También hizo un día nefasto, así que tampoco tuvimos que hacer un gran sacrificio.
Al día siguiente, y de nuevo hacia al norte, llegamos a nuestro próximo destino, San Martín de los Andes. Este pueblo, que reúne todas las ventajas entre Bariloche y Villa La Angostura, es quizás, y sin miedo a equivocarnos, de los lugares más hermosos de toda Argentina. La ciudad es un encanto, ya que la mayoría de casas y establecimientos están realizados en su mayoría por madera. Incluso los carteles con los nombres de las calles y las señales de tráfico son de este material. Rodeada en casi todo su perímetro por montaña, el lago Lacar le ofrece a la población una playa preciosa donde poder refrescarse en verano. Al día siguiente hicimos una caminata por una montaña colindante, y desde un mirador que se hallaba a medio camino se podía observar la ciudad desde un punto panorámico. Ciertamente San Martín de los Andes es uno de los lugares más bellos que hemos visto.
Allí volvimos a encontranos con Esteban y Pilar, con quienes estuvimos nuestro último día allí. Fuimos a tomar un chocolate caliente a un lugar con mucho encanto y de innegable calidad. Las horas charlando nos pasaron volando, ya que con ellos teníamos mucha afinidad y la conversación era muy agradable. Por la noche, y también juntos, fuimos al cine y después a tomar un helado. Si hay algo de malo en esto de viajar, es que siempre conoces a gente que vale la pena... pero que irremediablemente has de ir dejando atrás.

De nuestros días en San Martín de los Andes, tan sólo uno hizo buen tiempo. El resto, frío y lluvia.
En nuestro anhelo de llegar más hacia el norte, mucho tiene que ver el hecho de querer dejar atrás el mal tiempo. Sin duda somos de verano, somos de calor. Pero no por llegar cuanto antes al ecuador dejamos de ir a lugares donde vale la pena recalar. Todo tiene un precio, y si el de recorrer la Patagonia es el clima, lo pagamos muy gustosamente. Bien pensado, ¿que sería de la Patagonia si hiciera calor y el sol luciera todos los días?... Probablemente lo mismo que si en Barcelona no dejara de nevar.






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