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Lunes 27-12-2004

INICIO DEL VIAJE EN ARGENTINA


Por primera vez, nos sentamos a escribir todo lo que hemos hecho durante la última semana. Aunque pudiera parecer mentira, debido a que teóricamente estamos disfrutando de unas vacaciones muy largas, la verdad es que no hemos tenido tiempo hasta ahora para cumplir con nuestro deseo de que esta página web sea actualizada muy a menudo.

Si no hemos tenido tiempo hasta ahora, ha sido porque esta semana ha sido muy intensa y han sido muchas las cosas que hemos hecho y otras tantas las que, a pesar de todo, hemos dejado por hacer. Salimos el lunes 27 de Diciembre de 2004 de Barcelona, donde cogimos un autocar que necesitó 7 interminables horas para llegar a Madrid. Podríamos decir que comenzamos nuestra aventura con mucha suerte, ya que si hubiéramos cogido el mismo autocar el día antes, no hubiéramos podido llegar a la capital de España pues se habían suspendido todos los trayectos debido a la nieve. Una vez en Madrid, tuvimos que hacer tiempo ya que nuestro avión no partía hasta al cabo de seis horas.
Como pudimos amenizamos esas largas horas, y a las 23:30h nuestro avión despegó con destino a Buenos Aires. Después de doce horas de vuelo, llegamos a la capital de Argentina con la agradable sensación que produce pasar de un gélido invierno a un caluroso verano.

Verónica, nuestra amiga de Barcelona y de nacionalidad Argentina, nos esperaba en el aeropuerto. Íbamos a pasar 6 días en la casa de sus padres, y precisamente allí celebraríamos el fin de año con ella y con su familia. La casa de Vero estaba en las afueras de la ciudad, a media hora en coche más o menos. Cuando llegamos, comprobamos con ilusión que aquello no era una urbanización como anteriormente habíamos pensado, sino un ´country´, una especie de club privado donde se agrupan casa magníficas, la mayoría de ellas con piscina.
Allí, Vero nos presentó a sus padres, Héctor y Susana, los cuales ya nos dieron muestras de su gran hospitalidad y su simpatía. Congeniamos con ellos instantáneamente, y todo parecía indicar que nuestros días allí iban a ser espléndidos. Serían aproximadamente las nueve de la mañana. Estábamos muertos de sueño y un poco confusos con el cambio de hora. De buena gana nos hubiéramos echado a dormir, pero lo más sensato era mantenerse despierto para empezar a acoplarnos al nuevo horario.

Con esta decisión tomada, sin más dilación nos dirigimos a Buenos Aires capital, el lugar que nos moríamos por visitar. Difícil describir lo que se siente cuando caminas por una ciudad a la que hace tiempo deseabas ir, y por muchas líneas que escribiéramos, no podríamos plasmar la sensación que tuvimos de que estábamos en el lugar donde nuestra aventura comenzaba. Destacar que de buen comienzo Buenos Aires nos robó el corazón. Avenidas gigantes, calles con luz, un incesante hormigueo de gente caminando por hermosas calles decoradas con motivos navideños. ¡Por cierto! ¡Qué extraño resulta ver a un Papa Noel y comprobar que te cae el sudor por la frente! Aquí en Buenos Aires, lo de ´Navidades Blancas´ no deja de ser una ironía. De todos modos, impagable conocer unas navidades en verano.

Aquel primer día, fuimos por la Avenida 9 de Julio, y más tarde por la calle Florida, un lugar repleto de comercios donde poder comprar. Después de comer en un sitio donde nos empezamos a dar cuenta de que Buenos Aires era más barato de lo que suponíamos, fuimos a la plaza de San Martín, donde nos tumbamos un rato a descansar. Después deambulamos por la ciudad hasta las seis de la tarde, hora a la que habíamos quedado con Vero y su padre en la oficina de trabajo de éste. Nos dieron una vuelta en coche por el barrio de San Telmo, el más antiguo de la ciudad. De allí nos fuimos a casa, donde gozamos de una excelente cena y del placer de seguir conociendo a los padres de Vero. Después de cenar, nos fuimos a caminar por el ´country´, y al cabo de una rato nos fuimos a dormir. Ya no aguantábamos más.

El día siguiente amaneció lluvioso, y debido a ello, y una vez en la capital, decidimos que lo mejor que podíamos hacer era ir a un cybercafé en busca de información para nuestro viaje. Más tarde fuimos al cine, donde vimos ´Diarios de motocicleta´, una película que ya habíamos visto en Barcelona pero que nos había entusiasmado y de ahí que decidiéramos volverla a ver. Por la tarde habíamos quedado con Vero, que nos iba a llevar a un ´after-office´, un lugar al que se va al salir del trabajo a eso de las 6:30 de la tarde. Curioso lugar este ´after-office´. De un gran elitismo, ya que sólo suele ir allí la gente que tiene un buen puesto de trabajo (normalmente en multinacionales). El ´after-office´ era una especie de discoteca al aire libre, con espacios apartados donde poder cenar. Gente trajeada y presumiblemente bien situada se divertían en un lugar en el que si no nos hubiéramos sentido tan desplazados, quizás habríamos disfrutado. Estuvimos hasta eso de la medianoche, o mejor dicho, hasta que a Vero se le acabaron las pilas.

El día siguiente hicimos de turistas en toda regla. Fuimos a pasear por el barrio de San Telmo, por Recoleta y finalmente llegamos al estadio de fútbol “El Monumental”, donde juega River Plate. Hay que decir que, en todos nuestros paseos turísticos, la gente se volcó con nosotros haciendo gala de una gran amabilidad, y cualquier persona que parábamos para preguntar algo se deshacía en explicaciones. Además, la gente de al lado se añadía voluntariamente para guiarnos. Realmente estamos impresionados con la hospitalidad de los porteños.

Al día siguiente, el último de 2004, nos levantamos temprano para ir a pasar mediodía a la capital. Nos hizo mucha gracia un ritual de los argentinos, el de tirar papeles por la ventana para celebrar el último día del año. Esos papeles simbolizan la agenda del año que se acaba. Por la tarde, ayudamos a Susana con los preparativos de la cena de fin de año. Fuimos en total 25 personas las que celebramos el fin de año en aquella casa, y todos los que allí habían se desgañitaron para que nos sintiéramos lo mejor posible. Lo consiguieron con creces, ya que nos ha quedado un muy buen recuerdo de aquella noche. Sobre las 3 de la mañana, Vero nos llevó a una fiesta espectacular, llena de gente y al aire libre, donde estuvimos bailando hasta casi las 8 de la mañana. Lógicamente, el día siguiente nos despertamos a la hora de comer. Para nuestra sorpresa, la casa estaba llena de gente, la misma gente que la noche anterior estaba en la cena y que ahora iban a comer allí para celebrar el primer día del año. Fue muy grata esa comida, y la tarde que siguió, relajándonos en la piscina en compañía de aquella gente a la que en poco tiempo le cogimos mucho cariño.

Nos fuimos a dormir temprano, ya que al día siguiente teníamos que levantarnos a las 6:30 de la mañana para coger un barco que nos llevara a Uruguay. A Buenos Aires volveremos, de aquí a dos o tres semanas, a celebrar los 30 años de Vero y a intentar ver todo lo que nos dejamos. Buen comienzo de viaje, en un ciudad mágica y con una gente encantadora. Vero, Héctor y Susana nos lo han puesto muy fácil.




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