Epílogo de Pasaporte hacia ningún lugar
La vuelta al mundo
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PASAPORTE HACIA NINGÚN LUGAR

Una vuelta al mundo sin destino

Epílogo

La vuelta a casa.

Vamos a abordar un tema que, probablemente, es uno de los que más preguntas genera.
¿Qué siente uno cuando regresa a su ciudad después de un largo viaje ? ¿Ha cambiado todo o ha cambiado uno mismo? ¿Cómo es el cambio? ¿Y la adaptación?
Antes de empezar, queremos puntualizar que hay una gran diferencia entre esta vez y la vez que volvimos después de nuestra primera vuelta al mundo, hace ya más tres años. De hecho, vamos a recuperar un fragmento de nuestro libro “Diario de viaje de un viaje diario”, que habla de aquel momento en el que volvimos, en Diciembre del 2005, después de dar nuestra primera vuelta al mundo:
“…justo un instante después de los lógicos abrazos y alguna que otra lagrimilla, fue cuando nos dimos cuenta de que lo malo de hacer los sueños realidad...es que dejan de ser sueños. ¿Qué se suponía que debíamos sentir en aquellos momentos?
Podríamos habernos sentido orgullosos al ponernos a la altura de los ganadores, de los que dicen aquello de que los sueños están para cumplirlos. También podríamos habernos sentido vacíos porque nuestra alma romántica se quedaba sin su juguete preferido, el de imaginar cosas etéreas que nunca sucedían, situaciones platónicas que nunca se llevaban a cabo.
En nuestro caso, fue una mezcla de ambas cosas, y la lucha en nuestro interior de aquellas sensaciones contrapuestas no había hecho sino comenzar. El paso de los días, probablemente, iría poniendo todo en su sitio.
Quizás todo era más sencillo de lo que parecía... quizás solamente teníamos que recurrir a otro sueño para de esta manera sentir la satisfacción de haber dado la vuelta al mundo y al mismo tiempo alimentar a ese niño pequeño que teníamos dentro y que pedía a gritos una nueva aventura, un nuevo sueño.”


La vuelta a casa del 2005 fue mucho más dura que la de ahora, porque en el fondo, por aquellos días, teníamos la sensación de que aquella vuelta al mundo había sido un paréntesis en nuestras vidas que no se iba a repetir.
Ahora ha sido diferente, pues tenemos muy claro que el volver a Barcelona es algo circunstancial, apenas una parada en el camino… porque hace tres años decidimos que teníamos que buscar un nuevo sueño, luchar por él y seguir teniendo un aliciente para conservar la frescura del que siempre mira adelante y no atrás. Y el nuevo sueño que decidimos poner allí, justo al lado del horizonte, era el de vivir viajando… viajar viviendo.

Evidentemente, no vamos a decir que regresar a Barcelona haya sido sencillo, pues de alguna manera es muy fácil darse cuenta de que la gente va a un ritmo y tú vas otro, y eso acaba por pasar factura.
Sin embargo siempre, SIEMPRE, se disfruta de los regresos. Quizás ahora vamos a tirar por los suelos las teorías de más de uno, de aquellos que, a veces sin querer, nos han tachado de desarraigados, de tener poco apego… Nada más lejos de la realidad. Ambos somos personas muy familiares, muy ligadas a nuestra gente y a nuestro origen. Así que la vuelta a casa es, sin duda, un gran momento, pues el reencuentro con los seres queridos es una de las mejores cosas que nos pueden suceder.

Pero volver a Barcelona también supone un desafío, un gran esfuerzo. De nuevo hay que hacer frente a la vorágine del día a día y acostumbrarse a la nueva vida y al nuevo lugar. Léase pues, buscar un lugar donde vivir, buscar algún trabajillo para subsistir económicamente, recuperar cosas que todavía no recuerdas dónde las dejaste, etcétera.
Y los días pasan y tu cuerpo no está acostumbrado a este ritmo. Las noches te reciben agotado, exhausto. Y la vida pasa rápida, muy rápida… tan rápida, que se nos hace difícil disfrutarla. ¿Alguien se ha bebido una copa de un buen vino en cinco segundos? Así nos sentimos ahora.

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