Una noche en tren nos llevó a nuestro siguiente destino, Fort Kochín,
Kerala, India. Un lugar donde se respira calma y tranquilidad entre las calles de aire portugués, la costa con sus antiguas redes para pescar, sus cuidados detalles, sus preciosas tiendas de artesanía, y sus bares y restaurantes de diseño.
Esa es la zona turística de Fort Kochín, el barrio-escaparate, un lugar irreal donde todo ha sido pensado para gustar al de fuera, al turista.
Dos calles más allá de la zona turística, ya vuelves a estar en la India: rickshaws y coches con son sus escandalosas bocinas, animales sueltos, saris de colores, comedores baratos, suciedad… vida, al fin y al cabo.
En Fort Kochín nos alcanzó el monzón del suroeste. Los lugareños dicen que este año llegó a Kerala unas semanas antes, y con él... fuertes lluvias, la bendición para los campesinos. El “coco” para los viajeros. Por eso decidimos partir hacia el oeste, donde aún gozaremos de días soleados, aunque terriblemente húmedos y calurosos.
Desgraciadamente dejamos Kerala sin apenas conocerla, lo que nos da un motivo más para volver a la India en un futuro.
Si te gusta nuestro blog y disfrutas leyéndonos, descubre los dos libros que hemos publicado:
Pasaporte hacia ningún lugarDiario de viaje de un viaje diario