UNA FRASE PARA INSPIRAR   [06/01/2012]
"Lo que posees acabará poseyéndote." El club de la lucha   [Más frases]







Miércoles 29 de Octubre de 2008
VOLVEREMOS
En el Lago Toba, descubrimos que bastante cerca de allí estaba Bukit Lawang, donde se encuentra el centro de Rehabilitación de Orangutanes de Bohorok. Habíamos oído hablar bien de este centro, así que aprovechando que estaba cerca…
Total, que “cerca” fue un día entero de viaje en tres autobuses diferentes. Quizás por tratarse de una isla, no teníamos plena consciencia de la extensión de Sumatra: 470.000 km², casi tan grande como España, aproximadamente cinco veces Portugal.

El centro de Rehabilitación de Orangutanes de Bohorok está dentro del mayor Parque Nacional de Sumatra, el Gunung Leuser. Este centro se creó en 1973 con el fin de contener el alarmante descenso de la población de orangutanes en Sumatra, al borde de la extinción. Su trabajo consiste en reintroducir en la selva orangutanes que han estado en cautividad. Tras un periodo de cuarentena en el cual se les observa su estado físico, psíquico y emocional, comienza una etapa de aprendizaje en la cual se instruye a los animales con una serie de juegos en tareas como la construcción de nidos, trepar a los árboles y buscar comida en el interior de la selva. Poco a poco, los animales van ganando confianza y fuerza para enfrentarse y saber sobrevivir por si solos en la selva hasta que finalmente ya no necesitan volver al centro para alimentarse.

Actualmente el número de orangutanes que vive en los alrededores del Bohorok es de unos cuarenta que se encuentran en libertad aunque en diferentes grados de dependencia. Por lo tanto es muy fácil poder verlos, puesto que la mayoría están acostumbrados al hombre y no huyen con su presencia. El máximo éxito del centro lo representan aquellas hembras que crían a sus retoños ya en libertad.

En un trekking de un día pudimos ver a cuatro hembras, tres de ellas con sus crías. No sabemos si seremos capaces de explicar las sensaciones que tuvimos al contemplar a estos sorprendentes seres, estos “hombres de la selva” como su nombre indica en la lengua indonesia la palabra “orangután”. Su curiosidad hacia nosotros era evidente, hasta el punto que daba la extraña sensación de que eran ellas las que nos estaban observando a nosotros. Podías percibir cómo seguían tus movimientos, cómo te miraban fijamente a los ojos, quizás intentando descubrir tus pensamientos o quizás usando un misterioso lenguaje que los hombres no podemos entender. Hubiéramos podido estar toda una eternidad mirando a estas especiales criaturas, imbuidos por un sentimiento de paz y de tranquilidad difícil de describir y de explicar.

Desgraciadamente esta especie de Orangután sigue en peligro crítico de extinción, sobre todo debido a la destrucción de su hábitat natural, la selva. Cada año la superficie de su territorio se ve mermada principalmente por la tala legal e ilegal (madera que va a parar a nuestras casas en forma de mueble o papel) y por la extensión de terrenos de cultivo para extraer aceite de palma.

Llevábamos siete días en Sumatra, y nos teníamos que plantear cómo volver a Malasia, si es que no queríamos perder nuestro vuelo a Barcelona. Éste salía desde Bangkok, así que necesitábamos reservar un mínimo de tiempo para poder llegar allí por tierra. Fuimos a una agencia de viajes de Bukit Lawang, para reservar el ferry de vuelta al cabo de tres días, esta vez desde Medán, mucho más cerca de allí que el otro puerto en Dumai. La cara se nos desfiguró a los cuatro intrépidos viajeros, cuando aquel señor nos dijo que no había plazas. “Sí señores, es Hary Raya, la celebración del año nuevo de los musulmanes, la celebración del fin del mes de Ramadán… y hay mucho tráfico de gente que se reúne con sus familias para la fiesta”. ¡Estábamos perdidos, si no había otra alternativa, no llegaríamos a tiempo para tomar nuestro avión de vuelta a casa! Teníamos que ir rápidamente a Medán. Podía ser que hubiera otra compañía de ferry… Al día siguiente, ya medio paranoicos con el tema de los transportes, el Hari Raya, y la ley de Murphy llegamos a Medán directamente a comprar los billetes. El chico que nos atendía tecleaba en su ordenador para ver la disponibilidad de plazas… “No, el lunes no hay servicio de ferry, y el martes… está lleno” Nuestros rostros bronceados, palidecieron de golpe y un sudor frío se apoderó de nosotros. “Porque… ¿mañana domingo, les iría bien viajar?” Nuestros ojos se salían de las órbitas a la vez que asentíamos compulsivamente. “Sale un ferry extra en el que aún hay plazas… pero es un poco más caro” No había acabado la frase que ya teníamos el dinero en la mano, suspirando de alivio.

En ese momento estábamos destrozados de tanta tensión acumulada, así que sólo pensábamos en encontrar un alojamiento donde descansar. Pero aún tendríamos que estar dando vueltas tres horas más (con nuestras mochilas) para encontrar algo. No hay que olvidar que no teníamos ni guía ni mapa, así que no teníamos idea ni tan siquiera de en qué parte de la ciudad estábamos y con nuestras pocas palabras en Indonesio no lográbamos hacernos entender. Pero de pronto se nos acercaron un par de chicas muy simpáticas: Sabían hablar inglés y querían practicarlo. Al cabo de un momento estábamos rodeados de quinceañeras, haciéndonos toda una serie de preguntas que, por cierto, nada tenían que ver con el hostal que estábamos buscando. Con la sonrisa de medio lado por el cansancio, finalmente conseguimos que nos guiaran no sin antes responder al eterno cuestionario de edad, estado civil, hijos, etc. En ese momento incluso los que estábamos a favor de viajar sin guía, maldecíamos el momento en que la perdimos.

Estábamos en el ferry hacia Malasia dos días antes de lo previsto. Una extraña sensación invadía nuestro interior. Apoyados en la barandilla del barco, la brisa marina acariciaba nuestro cabello y contemplábamos aquel trozo de tierra que cada vez se hacía más pequeño. Sumatra… ¡Como nos hubiera gustado conocerte mejor! ¡Cuántos tesoros más tienes entre tus tierras, entre tus gentes! Prometemos volver, esta vez con más tiempo, sin prisas que nos condicionen. Sumatra, ¡nos volveremos a ver!

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Viajamos por dos poderosas razones. La primera sería aprender. La segunda, más importante y complicada: desaprender.

Viajar nos ha dado la oportunidad de encontrar personas fascinantes de las que hemos aprendido, y por el camino han surgido obstáculos que hemos superado gracias a desaprender lo que creíamos verdades absolutas. Pero todo lo aprendido y desaprendido, no es nuestro. No nos pertenece. Lo hemos tomado prestado y, por lo tanto, no nos sentiríamos cómodos si no lo compartiésemos.

Así que tras sentir la necesidad de ser un eslabón más, abrimos este espacio de reflexiones viajeras con la intención de que sea un lugar especial para compartir ideas, pensamientos, sentimientos y emociones. Contamos con tus comentarios!

Lunes 30 de Enero de 2012
PORT BARTON, UN BUEN LUGAR PARA VIVIR
¿Conoces uno de aquellos lugares en los que sólo llegar ya sabes que allí estarás bien? Port Barton fue uno de esos lugares para nosotros. Un pueblo de pescadores, una playa bonita y punto. No tiene ningún atractivo que lo haga un punto imprescindible de la ruta turística. Precisamente fuimos allí por este motivo, buscando un lugar poco transitado y tranquilo en el que poder disfrutar de la vida “normal”, sin una agenda viajera que seguir. Uno de esos días...
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