Volver a Luxor fue como volver a casa. Allí nos esperaba nuestra familia Egipcia del Hostel Oasis, que nos mimó hasta el último minuto; el reencuentro esperado con nuestra profesora de árabe y su marido, Asmaa y Hassan; la magia del templo de Luxor al anochecer; charlas viajeras en el ‘chill-out’ fumando ‘shisha’; en definitiva, todo aquello que te puedes permitir hacer cuando no estás obsesionado con turistear hasta la extenuación.
Pero nuestro siguiente destino era Alejandría, el sueño de Alejandro Magno, el escenario de las aventuras de amor y de intriga de Marco Antonio y Cleopatra, el centro del saber y de la cultura de la antigüedad griega. Una ciudad con tantos calificativos como personas han pasado por ella a lo largo de su historia. Una ciudad que huele a nuestro mediterráneo…
Por eso cuando dejamos Luxor y partimos en aquel tren nocturno, lo hicimos con una mezcla de sentimientos diferentes, incluso contradictorios. Añoranza, melancolía, curiosidad, ilusión, tristeza, alegría… todo junto, agitado y con el ingrediente escénico de una estación de tren, evocador de recuerdos y románticas historias.
Alejandría nos dio la bienvenida con un sol radiante y un fuerte viento fresco y húmedo. De nuevo estábamos en invierno. Nos apresuramos a sacar el forro polar del fondo de la mochila, arrugado tras casi dos meses de cautiverio. En seguida nos dimos cuenta que, a diferencia del resto de lugares en los que habíamos estado, el regateo era apenas inexistente. El precio de salida del taxi era el adecuado, no estaba hinchado. Allí no nos trataban como a turistas bobos de los que ganar euros fáciles. Y eso permite relajarte. De pronto, no tienes que andar preguntando precios, no dudas ni desconfías cuando alguien te recomienda un lugar, ves más sonrisas desinteresadas, más personas amables. Y cuando te sientes así, la estancia se te queda corta y el tiempo corre más rápidamente.
Nos faltó tiempo para disfrutar de las avenidas ajetreadas del centro, de las misteriosas callejuelas, de las innumerables cafeterías con solera, del paseo marítimo, de ese mar que esconde secretos de la antigua ciudad esplendorosa, de los restaurantes de pescado fresco a precio de ganga, de la impresionante Biblioteca Alejandrina, homenaje a la Antigua Biblioteca de Alejandría de la que se dice fue un centro de sabiduría y conocimiento jamás visto.
Nos faltó tiempo… y siempre que nos sucede eso grabamos en nuestra memoria el lugar al que sin duda volveremos.
Viajamos por dos poderosas razones. La primera sería aprender. La segunda, más importante y complicada: desaprender.
Viajar nos ha dado la oportunidad de encontrar personas fascinantes de las que hemos aprendido, y por el camino han surgido obstáculos que hemos superado gracias a desaprender lo que creíamos verdades absolutas.
Pero todo lo aprendido y desaprendido, no es nuestro. No nos pertenece. Lo hemos tomado prestado y, por lo tanto, no nos sentiríamos cómodos si no lo compartiésemos.
Así que tras sentir la necesidad de ser un eslabón más, abrimos este espacio de reflexiones viajeras con la intención de que sea un lugar especial para compartir ideas, pensamientos, sentimientos y emociones. Contamos con tus comentarios!
Lunes 30 de Enero de 2012 PORT BARTON, UN BUEN LUGAR PARA VIVIR
¿Conoces uno de aquellos lugares en los que sólo llegar ya sabes que allí estarás bien? Port Barton fue uno de esos lugares para nosotros. Un pueblo de pescadores, una playa bonita y punto. No tiene ningún atractivo que lo haga un punto imprescindible de la ruta turística. Precisamente fuimos allí por este motivo, buscando un lugar poco transitado y tranquilo en el que poder disfrutar de la vida “normal”, sin una agenda viajera que seguir. Uno de esos días... Leer el resto de la entradaComentarios (0)