En nuestro último blog, lanzábamos la siguiente pregunta:
¿Has soñado alguna vez que existía un lugar perfecto y que vivías en él?
Probablemente, la respuesta mayoritaria es un SI rotundo.
A todos nos gustaría vivir en un lugar equilibrado, justo, respetuoso.
Hace poco más de 40 años, Mirra Alfassa, discípula y compañera de Sri Aurobindo, gurú espiritual, pasó de las palabras a los hechos y fundó Auroville, lo que catalogó de experimento social.
Los valores sobre los que “La Madre” –como es conocida- fundó Auroville, son excelentes.
Sencillos y excelentes.
Podríamos ahondar mucho sobre su filosofía y principios, pero básicamente Auroville fue creado para que existiera un lugar en el mundo donde vivieran las personas de buena voluntad, dispuestas a buscar el bien en cada acto.
Sería un lugar que estuviera en sintonía con la naturaleza.
Las personas estarían por encima de las religiones, de las nacionalidades, de las razas, etc. El ser humano sería formado y educado para desarrollarse como persona, encontrar su vocación y vivir en el respeto hacia los demás integrantes de la comunidad.
El dinero tendría una importancia relativa, y los habitantes de Auroville decidirían su futuro mediante referéndums.
Pasados 40 años… ¿Podemos decir que “La Madre” consiguió sus objetivos? ¿Qué nos encontramos cuando fuimos hace unas semanas a visitar Auroville?
Bajo nuestro punto de vista, y después de estar una semana allí, podemos decir que el proyecto es un éxito. Y no porque se hayan materializado todos los conceptos que “La Madre” ideó en su día, sino porque la base es buena, muy buena.
Quizás el proyecto está lleno de imperfecciones… pero para nosotros esto no deja de ser lógico.
Es un proyecto joven, de apenas cuatro décadas. El ser humano lleva miles de años en el planeta y, en pleno siglo XXI, por ejemplo siguen existiendo las guerras. ¿Hemos conseguido esto en más de 2000 años?... ¿Cómo entonces vamos a exigirle la perfección a un proyecto de apenas 40?
Las imperfecciones de Auroville son producto de su juventud, de su falta de madurez. Pero la base, y lo hemos comprobado con nuestros propios ojos, es excelente, muy motivadora.
Ha sido un placer visitar Auroville.
Caminar por su agradable entorno natural. Ver en funcionamiento algunos coches eléctricos, ver placas solares por doquier. Comprobar el pausado ritmo de vida de los aurovilianos, gente procedente de 35 nacionalidades diferentes viviendo en armonía y respetando la cultura, el credo y la raza del resto.
Visitar la “Cocina Solar”, donde mediante energía procedente del sol se cocina para buena parte de la gente de Auroville.
Sin olvidarnos del Matrimandir, esa enorme pelota de golf dorada que os comentamos, cuyo interior es un regalo para el alma.
Además, en Auroville hicimos un grupito muy majo. Oscar, Paco, Yannik, Celine, Karine… entre todos fuimos investigando, conociendo las particularidades de Auroville.
Hay gente que está preocupada por la existencia de Auroville. Son algunos de sus detractores.
Es lógico.
A más de uno asusta que haya un lugar que sirva de ejemplo. Un lugar en el que el dinero no es el rey absoluto, donde no todo se puede comprar, donde las personas no tienen precio.
Donde gentes de diferentes nacionalidades, razas y religiones se entienden entre sí, siendo entonces invulnerables a la manipulación.
Para nosotros, y teniendo en cuenta la humildad de nuestra opinión, Auroville es la prueba definitiva de que otro mundo es posible.
Si te gusta nuestro blog y disfrutas leyéndonos, descubre los dos libros que hemos publicado:
Pasaporte hacia ningún lugarDiario de viaje de un viaje diario
La playa cercana a Auroville.
Con Cristina de Montblanc frente al Matrimandir.
Con María, Paco y Oscar en Pondicherry.
Carme con Oscar en nuestra despedida (aunque luego nos reencontramos).
Xavi con nuestro amigo mexicano, Paco.
Robert, Gil y Jean, otros visitantes de Auroville.
En la despedida conocimos a David, que nos amenizó la velada junto a Celine.
Los camaleones eran algunos de los visitantes habituales.
Oscar de Barcelona, amante de la India.
Yannick de Bélgica, joven de espíritu sabio.
Paco de México, en su búsqueda de lo espiritual.