Rue Roland Romaine.
Son las cinco de la tarde, la hora en que uno se puede comenzar a plantear salir a la calle. El calor es aun intenso y la humedad te convierte en un recipiente que no para de vaciarse.
La calle por la que caminamos poco tiene que ver con las avenidas caóticas y ruidosas del centro de la ciudad: miles de telas de saris colgadas a los lados de las tiendas de ropa, garitos donde puedes encontrar todo lo que te propongas, carritos de helados o de comida rápida, el eterno “chai” -ese delicioso té masala con su mezcla de especias- , luces de neón…
No, no estamos en el centro. Estamos en la parte de mayor influencia francesa. Grandes mansiones coloniales, calles limpias, cuidadas y señalizadas con sus placas con su nombre, alguna tienda de muebles de anticuario… Bonito, sí. Aburrido, también.
Como siempre aquí, no encontramos el término medio. Suponemos que alguien ha decidido que el barrio colonial francés debe mantenerse así con objetivos turísticos. De vez en cuando nos topamos con algún detalle que nos recuerda que estamos en la India: Un “rickshaw”, un bocinazo o un edificio apuntalado con una precaria estructura.
Tomamos una de las calles a la derecha, ya notamos la brisa del mar. Cerramos los ojos recordando algún momento cercano en nuestro corazón aunque lejano en el espacio y el tiempo. Al abrirlos, ya vemos el paseo marítimo, estamos de nuevo en la India. Centenares de personas acuden allí cada tarde a tomar el fresco. No hay playa. En su lugar grandes bloques de hormigón paran las olas del mar.
Al fondo, la escultura de Gandhi nos espera. Hoy lleva un collar de flores naranjas que contrasta con el color oscuro del metal. Está de espaldas al mar, como Pondicherry…
Viajamos por dos poderosas razones. La primera sería aprender. La segunda, más importante y complicada: desaprender.
Viajar nos ha dado la oportunidad de encontrar personas fascinantes de las que hemos aprendido, y por el camino han surgido obstáculos que hemos superado gracias a desaprender lo que creíamos verdades absolutas.
Pero todo lo aprendido y desaprendido, no es nuestro. No nos pertenece. Lo hemos tomado prestado y, por lo tanto, no nos sentiríamos cómodos si no lo compartiésemos.
Así que tras sentir la necesidad de ser un eslabón más, abrimos este espacio de reflexiones viajeras con la intención de que sea un lugar especial para compartir ideas, pensamientos, sentimientos y emociones. Contamos con tus comentarios!
Lunes 30 de Enero de 2012 PORT BARTON, UN BUEN LUGAR PARA VIVIR
¿Conoces uno de aquellos lugares en los que sólo llegar ya sabes que allí estarás bien? Port Barton fue uno de esos lugares para nosotros. Un pueblo de pescadores, una playa bonita y punto. No tiene ningún atractivo que lo haga un punto imprescindible de la ruta turística. Precisamente fuimos allí por este motivo, buscando un lugar poco transitado y tranquilo en el que poder disfrutar de la vida “normal”, sin una agenda viajera que seguir. Uno de esos días... Leer el resto de la entradaComentarios (0)