NUESTRO BLOG DE VIAJE
En este Blog te contamos cómo se desarrollan nuestros viajes.
Queremos que viajes con nosotros. Prepárate, ¡empieza la aventura!
Ante todo, queremos recordaros que seguiremos recibiendo aportaciones para el proyecto “Hanna” hasta mañana martes.
El jueves publicaremos los resultados.
Kota Bharu, ciudad malaya que suele pasar desapercibida, fue el siguiente punto en nuestro recorrido.
Como no tiene playas ni grandes monumentos, automáticamente pasa a ser, dentro del circuito turístico, una ciudad sin importancia.
Es la crueldad del sistema que impera en la oferta vacacional, tan propensa a decir qué lugares hay que visitar y cuáles no, perdiéndose por el camino grandes oportunidades de conocer lugares diferentes.
Y es que Kota Bharu, sin duda alguna, es un lugar diferente.
Como no tiene que gustar a nadie, se muestra ante los ojos del visitante tal y como es, sin maquillaje y con una desnudez que sólo convencerá a los viajeros que anden buscando algo distinto.
Ciudad bulliciosa y un tanto caótica, esconde en sus entrañas el día a día de un lugar que huye de la superficialidad y de las falsas apariencias.
Como además es una ciudad cercana a la frontera de Tailandia, conserva en sus credenciales esa magia de la que sólo gozan los lugares que andan a caballo entre dos países, donde el comercio se confunde con el contrabando.
Kota Bharu es, además, la ciudad más importante del Islam en Malasia, y eso es fácil de corroborar; el aspecto de sus gentes no ofrece ninguna duda al respecto.
Es la ventaja de este tipo de lugares, que fácilmente uno se sitúa en ellos porque el turismo aún no se ha encargado de crear dos ciudades diferentes.
Quien quiera en un futuro pasarse por esta ciudad, encontrará un centro cultural donde empaparse de bailes y músicas tradicionales, así como un mercado nocturno donde degustar los platos de la zona. El más famoso de ellos, el arroz azul con pollo en leche de coco.
Como buena ciudad malaya, Kota Bharu no es el mejor lugar para los peatones.
Y es que en este país, nos estamos encontrando con ciudades preparadas para vehículos, donde las personas han de trazar su camino entre aceras que no existen, sistemas de alcantarillado mortales y peligrosos cambios de nivel que hacen que uno tenga la sensación de que en lugar de pasear por la calle, está participando en un carrera de obstáculos.
Ayer recibimos un mail de Lola, una de las compañeras españolas con la que trabajamos la pasada primavera en República Dominicana, en la organización ONE RESPE.
Desgraciadamente la tormenta Hanna ha afectado a algunas de las comunidades en las que trabaja esta organización, en especial las más pobres. Entre los daños que nos han reportado son casas inundadas y llenas de basura por la crecida de la cañada, falta de alimentos, y gente incomunicada por la crecida de la laguna. La información de la que disponemos apunta a que durante las próximas horas el huracán Ike puede afectar también esta zona, tras haber alcanzado la categoría 4 en la escala Saffir-Simpson, de un máximo de cinco, con vientos máximos sostenidos de 215 kilómetros por hora.
ONE RESPE no dispone de recursos suficientes para afrontar todas las necesidades que presentan las diferentes comunidades y es por ello que se hace muy urgente recibir ayuda para paliar en la medida de lo posible los efectos de este desastre natural y así evitar pérdidas mayores, como las enfermedades que se puedan derivar de todo ello.
En las fotos que os mostramos en esta entrada de blog podréis ver algunos de los lugares afectados por la tormenta tropical de la comunidad de Brisa del Mar, donde ONE RESPE trabaja con grupos comunitarios.
Una vez más, aprovechamos nuestra web, para pedir tu solidaridad con el pueblo Dominicano en un momento en que realmente se hace muy necesaria.
Como en los anteriores proyectos que hemos llevado a cabo, las aportaciones de los usuarios de lavueltaalmundo.net se enviarán directamente a la comunidad sin ningún intermediario más, con lo que el dinero recaudado llegará íntegro, sin ningún tipo de recorte (a diferencia de las grandes ONG’s u otras entidades).
Te pedimos también que hagas extensivo este mensaje a tus amigos y conocidos a fin de que esta información llegue al mayor número de personas.
No tenemos mucho tiempo, nos necesitan ahora, quizás unos días más sea demasiado tarde. Así que te rogamos que si deseas hacer una donación, lo hagas ahora, para que así esta semana podamos enviar todas las aportaciones recogidas.
Para cualquier cuestión que tengas sobre el proceso, no dudes en escribirnos. Estaremos muy pendientes del mail.
De nuevo, ¡muchas gracias por confiar en nosotros!
Los últimos días de nuestra tranquila y relajante estancia en Cherating tuvimos la mala suerte de que unos pequeños inconvenientes enturbiaron nuestro grato recuerdo de este pueblo. Y es que una de las últimas noches tuvimos una visita inesperada a nuestro bungalow… ¡Chinches! Unos malditos insectos que te acechan escondidos en el colchón, y mientras estás durmiendo te chupan la sangre a sus anchas. La picazón es muy molesta, pero si a esto le añades una alergia, con la consiguiente infección de cada una de las picaduras y los ganglios hinchados como pelotas de ping-pong, hace que tengas ganas de huir lejos y olvidar. Y eso fue muy fácil en nuestro siguiente destino, las Islas Perhentians.
En realidad las Perhentians no eran el siguiente punto de nuestra improvisada ruta, pero así lo quiso el destino.
Queríamos ir a Merang, un pequeñísimo pueblo de la costa que salía totalmente del circuito turístico. Como siempre hacemos, nos encaminamos allí en un autocar local y sin ningún tipo de reserva de hostal. Y nos pasó lo que en contadas ocasiones nos ha sucedido: nos encontramos que uno de los hostales estaba lleno (por un grupo de adolescentes de colonias), el otro estaba cerrado y el último que quedaba tenía una relación calidad-precio que podríamos calificar de estafa.
Era uno de estos hostales en que se aprovechan del turista descaradamente, amparados por el hecho de que no hay opción para elegir y a nadie le gusta domir en la calle.
Pero con nosotros no iban a poder. Mejor dormir en cualquier esquina que alimentar a estas alimañas que viven del turismo con malicia.
Eran las cinco y media de la tarde y en apenas media hora empezaría a oscurecer.
¿Encontraríamos algún sitio para dormir? Cansados, después de haber caminado unos cuantos kilómetros en nuestra búsqueda, las mochilas empezaban a pesar más de lo que podíamos soportar. Nos paramos a pensar, teníamos que tomar una decisión rápidamente.
¿Preguntamos? Pero… ¿a quién? Ni un alma por allí. ¿Le pedimos a alguien que nos acoja esta noche? ¿Nos quedamos a dormir a turnos en un porche? ¿Intentamos agarrar un bus hacia otra parte? Pero… ¿Hacia dónde? El autocar nos ha dejado en medio de la carretera, aquí no hay ninguna terminal ni estación donde consultar horarios ni destinos.
Al fin se nos ocurrió algo: cerca de donde nos dejó el bus recordábamos haber visto una gasolinera, allí podríamos preguntar.
Justo al llegar delante, unos tipos que charlaban apoyados en un coche nos dieron la respuesta que no queríamos oir: “No chicos, no hay más buses ya. El último era a las cinco”.
Añadieron que nos podían llevar a la ciudad más cercana por un precio que ellos dijeron que era módico pero que nosotros considerábamos un abuso.
Con tal panorama, entramos a la gasolinera a comprar tabaco, al menos fumaríamos. Se nos ocurrió volver a preguntar a la chica que nos atendió si había algún bus en dirección al norte, nunca se sabe.
- Sí - nuestra cara se iluminó. - El último es a las seis. Dentro de… (miró el reloj) un minuto. Al otro lado de la carretera.
Corriendo con las mochilas, el monedero en una mano y el tabaco y el cambio en la otra, pasamos al lado de los dos listillos a los que sólo tuvimos tiempo de lanzar una mirada de desprecio.
A pocos metros un bus se aproximaba en dirección a Kuala Besut, el pueblo desde donde zarpan los botes hacia las islas y donde dormimos aquella noche.
Al día siguiente ya estábamos en Pulau Kecil, la isla pequeña de las Perhentians. Allí nos instalamos en la playa Teluk Kerma, donde solamente el hostal D’Lagoon rompe la armonía natural del mar y la selva.
Cinco maravillosos días estuvimos allí. Sin teléfono, sin internet pero con un increíble mundo marino por descubrir. Durante esos días bien pudimos desarrollar escamas y aletas por adaptación al medio acuático en el que nos pasábamos la mayor parte de la jornada. Allí conocimos las más impresionantes obras de arte que jamás hemos visto. Verdaderas catedrales donde los altares son colosales rocas esculpidas por las ondulantes manos del mar, decoradas con corales y plantas de intensos colores verdes, rojos, blancos, azules, morados… y con sus miles de misteriosas criaturas marinas como fieles devotos.
Aprendimos que las orillas de las playas en estado natural están formadas por suaves colinas repletas de tesoros nacarados deslumbrantes y buceamos junto tortugas gigantes y tiburones (inofensivos, pero tiburones).
Y como en las islas paradisíacas no hay cajeros automáticos, nuestra marcha la fijó el día en que en nuestra cartera apenas quedaban unas monedas.
Ahora entendemos por qué al ir a estas islas, te recomiendan comprar un billete de ida y vuelta.
Queremos dedicar este blog a nuestra abuela Filo, fallecida la semana pasada en un accidente de tráfico, y que estas humildes líneas sean nuestro pequeño homenaje a ella y a su vida, una historia llena de momentos dignos de pasar de generación en generación.
Huyendo del caos que reina en la gigantesca Kuala Lumpur, nuestro desea era encontrar un remanso de paz, pues después de encadenar Chicago, Bangkok y la capital malaya, la necesidad de permanecer en algún lugar tranquilo y respirar aire puro se había convertido en algo urgente.
Así llegamos a Cherating, un pueblo a orillas de mar que ofrecía todo lo que necesitábamos.
Otrora un punto turístico muy popular, otros lugares han ganado la batalla de saber adaptarse mejor a las demandas actuales, y Cherating apenas ha podido sobrevivir, en parte gracias a que todavía conserva el favor de los turistas locales, ciudadanos malayos de fin de semana que dejan el resto de días al lugar huérfano de ruido y de movimiento. Dichas características hicieron que pensáramos en Cherating como un buen lugar para pasar como mínimo una semana.
Playa, sol, jungla, ni rastro de turistas anglosajones menores de 25 años (algún día profundizaremos sobre este tema), buena comida, jugos de frutas, crepes… y encima nuestro bungalow tenía conexión a Internet.
¡Y todo a precios irrisorios!!! Mención especial se merecen los platos de gambas a menos de un euro y medio. No estamos seguros de si las gambas suben el colesterol, el ácido úrico o la presión. Lo que sea que suban, de eso ahora tenemos mucho.
Por si le faltaban alicientes a este lugar, resulta que a sus playas acuden diferentes especies de tortugas a desovar.
Después del intento fallido en Tortuguero, Costa Rica, donde estuvimos caminando por la playa durante la noche y no vimos ninguna, se nos presentaba otra ocasión de intentarlo.
Esta vez tuvimos toda la suerte que nos faltó en Tortuguero, aunque, todo hay que decirlo, nos dejó un mal sabor de boca debido a que el proceso que siguió el guía no nos pareció el correcto para la protección del animal.
Podemos decir que presenciar este regalo de la naturaleza es algo sobrecogedor.
Ver a una tortuga gigante desovar en complicidad con la noche es algo que no se puede explicar. No tenemos palabras. Tampoco tenemos fotos, pues aunque sorprendentemente el guía que nos acompañaba dijo que podíamos hacerlas, de alguna manera sentimos que no puede ser bueno para una tortuga ser acribillada a flashes mientras está sumida en un momento tan especial.
El resto de turistas que venían no opinaron lo mismo, y aquello se convirtió en un patético carrusel de fotografías.
No hay cosa que más detestemos que este espécimen de personas, ataviadas con su cámara digital, haciendo fotos a diestro y siniestro cuando ni tan siquiera han tenido tiempo de disfrutar del momento. Hacen fotos a cualquier cosa que se mueva, sea interesante o no, la mayoría de veces sin tener respeto por nada ni por nadie, especialmente cuando fotografían a personas a la cara sin ni siquiera pedirles permiso o preguntar si molestan. Piensan que los paisajes, los animales y las personas están puestos allí para que ellos los puedan fotografiar, como si el mundo entero fuera un zoo y ellos los únicos visitantes.
Volviendo al tema de las tortugas, hay que decir que, lastimosamente, la mayoría de especies de ellas están en peligro de extinción.
Parte de culpa reside en el bajo porcentaje que consiguen llegar a edad adulta. Apenas una cría de cada mil llega a la madurez.
Hay demasiados depredadores para este animal (entre ellos el hombre), que provocan que las tortugas acostumbren a tener una vida muy corta.
A veces tan sólo son minutos, pues una vez han roto el cascarón, se dirigen directamente al mar. En este pequeño trayecto de apenas 20 metros, muchas son presas de aves o cangrejos.
Posteriormente a nuestra experiencia nos enteramos que existe una Fundación que trabaja para protegerlas. Entre otras cosas, se encarga de realizar un seguimiento de los desoves y de coger los huevos para que los siempre indeseables que hacen negocio con su venta no puedan encontrarlos.
Los mantienen en lugares adecuados para su incubación hasta que nacen las crías.
Las tienen entre 1 y 3 días antes de dejarlas marchar al mar, pues de esta manera son un poco menos vulnerables y aumentan las posibilidades de sobrevivir.
Y son ellos los que personalmente se encargan de vigilar cómo realizan el trayecto de la playa al mar, evitando así que depredadores terrestres acaben con ellas.
Nos ofrecieron la posibilidad de asistir a este momento y no nos lo pensamos dos veces.
Aquella tarde se mezclaron varios sentimientos.
Por un lado la emotividad, pues se trata de un momento muy especial.
Por otro, la lástima, porque se ven criaturas tan frágiles e indefensas que es imposible esconder el reconocimiento de que probablemente acabarán sus días en las fauces de cualquier animal mayor.
Pero por otra parte, siempre existió un sentimiento de esperanza, porque sería triste vivir sin ella, y siempre es mejor que esta esperanza, por pequeña que sea, nos haga sentir que todo va a salir bien, que aquellas pequeñas tortugas podrán cumplir con su ciclo de vida y en un futuro volverán a la misma playa, esta vez a desovar para crear nuevas vidas.
Como telón de fondo, siempre estuvo el recuerdo de nuestra abuela Filo, cumpliendo también su ciclo, aunque con fin indeseable.
Pero de este ciclo macabro de final inevitable, siempre queda la esperanza de un nuevo ciclo, de una nueva vida. Así que la muerte de nuestra abuela Filo alberga en su tragedia una nueva luz, la de pensar que en alguna parte del mundo una nueva persona ha venido al mundo para abrirse paso, igual que una tortuga intentando llegar al mar, para poder cumplir con su ciclo.
Unas vidas que empiezan, otras que se acaban… y los que se quedan son testigos de todo, a veces olvidando que también son, al fin y al cabo, otras piezas más de este juego, de esta puesta en escena… un personaje más de este gran teatro que es la vida.
Malasia, para nosotros, era un país sin rostro, no teníamos ideas preconcebidas. Nunca habíamos oído hablar a nadie de él, y casi lo único que conocíamos era que en su capital se encuentran las torres gemelas más altas del mundo, las Torres Petronas.
Quizás por eso a nuestra llegada a Kuala Lumpur, nos sentimos envueltos en un nuevo mundo por descubrir, en el que cada estímulo se iba grabando en la página en blanco que nuestro cerebro había reservado para este país.
Llegamos al atardecer a la estación de bus de Puduraya: decenas de chiringuitos de comida, los vendedores de billetes vociferando los destinos como reclamo y los taxistas buscando clientes. Chinatown, el barrio más económico para alojarse, estaba justo al lado y pudimos llegar caminando. De repente, nos encontramos en la calle Petaling, y arrastrados por la masa de compradores compulsivos de marcas falsas y esquivando los innumerables puestos de comida china, finalmente llegamos al hostal que habíamos reservado.
Nuestra entrada en Kuala Lumpur no podía ser de otra manera, caótica y frenética, como el ritmo habitual de esta interesante ciudad.
Kuala Lumpur es diversa en todos los sentidos que lo puede ser una ciudad. Sus habitantes: malayos, chinos e indios como sus tres colectivos importantes, difieren tanto entre ellos a nivel racial como a nivel cultural. La religión, aunque Malasia se define como país islámico, se vive desde todos los credos existentes y se materializa en mezquitas, templos hindúes, budistas y taoístas e iglesias. Quizás sea de las pocas ciudades donde se pueda comer auténtica comida internacional de verdad. Y en cuanto a la arquitectura, se puede decir que su falta de uniformidad es su encanto: Las coloridas casas coloniales de estilo británico en el Colonial District, construcciones de madera al estilo malayo en Kampung Baru, edificios de estilo árabe, e immensos y ultramodernos rascacielos en el Golden Triangle. Incluso el turismo es diverso, y no sólo recibe personas europeas como es lo usual en el resto del mundo, sino que recibe muchísimos turistas procedentes de países árabes, quizás atraídos (en estos tiempos que corren) por la tolerancia y apertura cultural de este país.
Nos ha chocado gratamente esta diversidad, así como también nos ha chocado encontrarnos con una ciudad con una infraestructura propia de un país rico, pero con un coste de vida muy económico, más propio de un país en vías de desarrollo. Un misterio más por resolver durante nuestra estancia por Malasia.
El jet-lag que se sufre cuando se viaja desde América a Asia es, a nuestra opinión, uno de los peores.
En nuestro caso, para ir de Chicago a Bangkok (haciendo escala en Corea del Sur), estaríamos hablando de un viaje que duró aproximadamente unas 28 horas.
Si a ello lo sumamos que la diferencia horaria entre ambos puntos son 12 horas, entenderás que nuestros primeros días en Bangkok fueran un tanto confusos.
De hecho, las dos primeras noches nos levantamos muertos de hambre hacia las 5 o las 6 de la madrugada… afortunadamente en Bangkok hay lugares donde se puede comer a cualquier hora.
El largo viaje transoceánico también deja secuelas a nivel físico, así que de las primeras cosas que hicimos fue irnos a dar un buen masaje tailandés.
Para quien no lo haya probado nunca, es un tipo de masaje que alterna estiramientos con masaje muscular propiamente dicho con lo que lleva consigo una extraña mezcla de placer y dolor… pero aún cuando éste es más intenso, tienes la percepción de que aquello le está haciendo bien a tu cuerpo. Al acabar, queda una sensación de ligereza, casi podríamos decir de ingravidez, unida a un estado de relajación que te hace ver las cosas de otra manera y con una sonrisa en los labios.
La capital tailandesa, y especialmente Kao San Road, la zona donde se mueven todos los mochileros, bajo nuestro punto de vista es todo aquello que representa la bajeza a la que puede llegar un lugar cuando tiene un turismo mal entendido.
Sin embargo, Kao San Road representa la exageración en todos los sentidos.
Y es tan sumamente desproporcionada esta exageración… que incomprensiblemente, acaba siendo un lugar interesante.
Bangkok es un punto clave en la ruta del viajero. Llegar desde cualquier punto del mundo a Asia, resulta siempre más económico si el destino final es la capital tailandesa. Una vez en la gran urbe, es posible encontrar cualquier artículo de viaje a muy buen precio. Y Bangkok es, por encima de todo, el lugar idóneo para preparar el itinerario por tierras asiáticas, pues la oferta a nivel de transporte, ya sea por tierra o por aire, es infinita.
Nosotros aprovechamos para planificar los siguientes pasos de nuestra vuelta al mundo, y decidimos que iríamos hacia el sur, hacia Malasia.
Así pues, compramos un billete de autocar Bangkok-Kuala Lumpur. Por experiencia, sabíamos que este tipo de viaje internacional suele ser bastante caótico porque en el transcurso del mismo puede ser que cambies varias veces de autocar.
Y así fue. Hicimos una primera parte del trayecto de 12 horas. El autocar nos dejó en Surat Tani, donde una furgoneta nos llevó hacia la agencia de la ciudad… donde otra furgoneta nos llevó hacia Hat Yai, cerca de la frontera con Malasia. Hasta ahí todo correcto. Pero al llegar a la agencia que nos debía proporcionar el transporte para cruzar la frontera, nos encontramos con una señorita que nos dijo que no había plazas, sin más.
- ¿Pero como no va a haber plazas para nosotros si compramos el billete ayer? –le reclamamos.
El personaje en cuestión empezó a chillar (cosa poco común en Tailandia pues sus gentes siempre hacen gala de una amabilidad exquisita) y nos dijo que no había plazas hasta el día siguiente.
Aquella misma noche nosotros teníamos una habitación reservada (y pagada) en Kuala Lumpur.
- A ver, a ver, señorita. – Llame a la central que queremos hablar con la persona que nos vendió el billete.
Con un lenguaje bastante desafortunado, nos dijo que nos iba a cobrar por la llamada. Aquí ya empezamos a ver que no sacaríamos nada en claro con esa mamarracha.
Llevábamos ya más de 17 horas de viaje, estábamos cansados. Así que decidimos ir por la vía directa, ir a la policía turística.
El agente que nos atendió tenía toda la educación y la simpatía que le faltaba a la estúpida mujer de la agencia. Pero teníamos serios problemas de comunicación.
Es muy probable que aquel policía, en su círculo de amigos, diga sin complejos que sabe hablar inglés. Pero Shakespeare no estaría demasiado de acuerdo. Nosotros tampoco, especialmente cuando a veces ya teníamos trabajo en averiguar si estaba hablando en inglés o en tailandés. Al final de cada frase, aquel policía gracioso, con el uniforme más “arrapao” que los pantalones del Travolta, soltaba una risa contagiosa. Arreglar el problema no sabíamos si lo íbamos a arreglar… pero ¡Joder! ¡Lo que nos íbamos a reír!
Para no alargar demasiado el cuento, haríamos especial hincapié en el hecho de que entramos a la comisaría a la 1 de la tarde y salimos a las 5.
Fueron cuatro horas interminables, en las que hubieron mas llamadas telefónicas que cigarrillos. Que si el policía llama a la agencia, que si la agencia dice que ha de localizar al conductor del autobús para que venga a buscarnos, que si éste llama a este, que si éste llama a la otra. De tanto en cuanto, el policía se nos escaqueaba y se iba con sus amigotes a ver un importante combate de Thai Boxing (boxeo tailandés) que estaban dando por la tele.
Y las llamadas telefónicas se sucedían. Y a cada una se iba liando más, especialmente por los problemas de comunicación. Nosotros hablábamos con la encargada de la agencia en nuestro inglés con acento español. La encargada nos respondía en su inglés con acento tailandés. El policía Travolta hablaba con su inglés que, por no tener, no tenía ni acento de nada.
Para que os hagáis la idea de lo surrealista que era la situación, deciros que en toda la historia siempre hubo un cuarto personaje, que nosotros durante todo el tiempo pensamos que era el típico listillo que se mete en este tipo de fregaos para ver si saca tajada… y ya llevábamos un par de horas cuando nos enteramos que era un representante de la agencia que nos había vendido el billete.
Sí chicos. Lamentamos deciros que no podemos daros ninguna explicación de por qué aquel día nos quedamos sin autocar. 4 horas en la comisaría no sirvieron para sacar nada en claro.
Lo único que conseguimos, y cuando ya llevábamos más de 3 horas con el tema y empezábamos a hablar como indios. “Nosotros Xavi y Carme. Autocar no. Tú, policía, solución cuál…” fue que nos dieran plaza para el autocar del día siguiente y que la agencia nos costeara la noche de hotel que teníamos que pasar en aquella ciudad.
No podemos decir que la agencia no cumpliera su palabra, pues sí que acabaron pagándonos la noche de hotel… pero el antro de mala muerte al que nos llevaron sólo sale en las películas en las que siempre se acaban cargando a alguien.
Aquella noche hicimos algo que no hemos hecho en ningún otro alojamiento. Poner nuestras mochilas contra la puerta a modo de barricada. Por si las moscas.
Diez días en Chicago. Ese era el límite de tiempo que nos fijamos para buscar un trabajo allí. Diez días agotadores, pero que nos han permitido conocer un poco esta ciudad y darnos cuenta de que lo de trabajar es un poco más complicado de lo que suponíamos.
Veníamos con la idea de nuestra pasada experiencia en New York, en la que encontramos trabajo el primer día de búsqueda. Allí los restaurantes iban locos por encontrar trabajadores y quizás por eso el trámite de la selección de personal era veloz. “¿quieres trabajar? ok, puedes comenzar ahora.”
En cambio esta vez en Chicago, no sabemos si porque hay menos oferta en hostelería o bien por la crisis económica de estos tiempos, para cada puesto ofertado se presentan como candidatas decenas de personas al día, por lo que el proceso de selección es mucho más largo: llenar una “aplication form” (algo así como un currículum), luego esperar a que te llamen para realizar una entrevista con el “manager” y por último, y si pasas la criba, una semana de “training” sin recibir salario y con el riesgo que al cabo de ésta te acaben descartando. El tiempo para nosotros ya era un hándicap, pues no podíamos permitirnos por mucho tiempo el alto coste de vida de una ciudad norteamericana.
Por otro lado, en pocos días hemos conocido los secretos para trabajar ilegalmente en Chicago. Y es que trabajar aquí sin papeles es casi imposible, pues las empresas desgravan impuestos por cada empleado contratado. Pero hecha la ley, hecha la trampa: la falsificación del “social security” (la seguridad social) e incluso la “green card” (el permiso de trabajo) están a la orden del día. Como nos dijeron dos chicos que conocimos en un restaurante –“todos lo hacemos así”.
Ellos fueron quienes nos dieron el teléfono de un tipo mexicano que en sólo tres horas nos entregaría ambos documentos por 100$. También nos explicaron que todos los establecimientos de hostelería pagan con cheques bancarios, y al no ser residentes “legales”, no podríamos abrir una cuenta bancaria donde ingresarlos.
También había una solución para este contratiempo: Existen determinados establecimientos que por una pequeña comisión nos lo cambiarían por dinero en metálico.
Todo esto nos parecía un poco complicado y arriesgado: Una cosa es trabajar sin contrato y otra muy diferente es comenzar a falsificar documentos…
A todas estas, comenzamos a ver que los números no salían: entre lo que nos íbamos a gastar de nuestra estancia, el precio de los “papeles”, el tiempo sin cobrar, y la actual cotización del dólar respecto al euro, para sólo dos o tres meses de trabajo apenas íbamos a ahorrar dinero.
Pero incluso así persistimos más de lo que hubiéramos debido, pues cada día nos gustaba más la idea de vivir en Chicago, por la ciudad y por el ambiente del hostal en el que estuvimos. En este hostal juvenil se junta todo tipo de gente a parte de los habituales turistas: estudiantes, artistas, músicos, personas que iban a trabajar por un tiempo… Todos tenían detrás una historia interesante que contar. Allí conocimos a Lorenzo y Gabriel, dos chicos españoles que estaban estudiando inglés. Musa, un músico de origen africano en búsqueda de nuevas inspiraciones musicales. Tash, un japonés muy extrovertido apasionado del hip-hop. Shelve, una chica de Michigan que iba a empezar en septiembre el nuevo curso en la universidad. O Sulence, una chica sur-coreana fashion-victim, que se hacía fotos probándose “trapitos” para que luego todos los del hostal le diéramos la opinión sobre el modelo en cuestión.
Chicago por su parte nos ofrecía todo lo que nos gusta de una ciudad: una arquitectura impresionante, variedad racial y étnica, gran oferta cultural y un entorno muy agradable con el lago Michigan, su costa y su playa.
Por eso, aunque hicimos todo lo que estaba en nuestra manos para conseguir trabajo en sólo diez días, no pudimos evitar marcharnos decepcionados y con la percepción de que nos quedaba algo pendiente por vivir allí.
Sin embargo, nuestro siguiente paso es motivador, y pronto lo que era decepción, se va convirtiendo en ilusión: ¡Asia nos está esperando!
Decidimos comprar un billete de avión hacia Bangkok, desde donde estamos escribiendo este relato, un lugar donde organizar el viaje por este lado de mundo. Para nosotros ha sido como volver a casa, porque aparte de ser un país en el que ya estuvimos en nuestra primera vuelta al mundo, Tailandia es un lugar en el que te sientes bien acogido de entrada, donde todo se hace fácil y la gente es extremadamente dulce y amable.
Así que estamos contentos, pues pensamos que las cosas siempre ocurren por algún motivo y que el camino que hemos tomado nos llevará a otras experiencias fascinantes. Aunque no olvidamos que si en septiembre el trabajo de diseño web no arranca de nuevo, quizás no nos quede más salida que volver a Barcelona.
Tal y como te comentamos en la anterior entrada del blog, colgamos parte de las fotos de nuestra estancia en Chicago.
¡Esperamos que te gusten!!!
Nuestra llegada a Chicago no pudo empezar peor, pues la primera situación a la que nos enfrentamos fue a la pérdida de una de nuestras mochilas por parte de la aerolinea.
Nunca antes nos había sucedido… así que ahora ya sabemos lo que significa. Sin ropa, sin articulos de aseo, sin nada… y una incertidumbre por no saber si la recuperaríamos y lo que eso representaría a nivel económico y de tiempo.
Así nos metimos en el taxi… el cual no tenía ni idea de donde estaba el hostal donde teníamos reservada una habitación.
El taxista paró el coche en una calle no muy agradable y llamó a la centralita, quien tampoco sabía donde se encontraba nuestro hostal.
Cuando el taxista empezó a llamar por teléfono a sus amigotes para a ver si alguno sabía algo, fue cuando empezamos a dudar de que existiera el hostal en cuestión.
Finalmente el taxista se ubicó, y nos dejó en el Arlington International Hostel pasados unos minutos. Era ya muy tarde, así que nos fuimos directos a la cama.
La mañana se despertó con otra mala noticia, pues llovía intensamente.
Nosotros que teníamos ganas de dejar centroamérica para poner fin a la temporada de lluvias…
Lo primero que hicimos cuando salimos a la calle, fue preguntarle a una persona si aquello de que estuviera lloviendo era normal en aquella época.
- Claro- nos contestó un mexicano al que le preguntamos. – Ahora es la época que más llueve en Chicago.
- Nooooooooooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
La lluvia, no obstante, no impidió que fuéramos a pasear por la ciudad para tener una primera toma de contacto.
Nuestra necesidad de encontrar trabajo hizo que aquel primer día ya empezáramos a mover hilos para ver cómo estaba el tema.
Cualquier hispano que se acercaba a menos de 2 metros, corría el riesgo de que lo paráramos con el propósito de entablar una charla y empezar a saber qué podíamos esperar de esta ciudad.
Nos tomamos varios cafés en restaurantes donde el camarero de turno era “semi-secuestrado” para coserlo a preguntas… cualquier información era buena.
Fue un primer día intenso, que concluyó con una fantástica noticia: Habíamos recuperado nuestra mochila.
Desde aquel día, muchos han sido los kilómetros que hemos recorrido a pie de esta impresionante ciudad. Hemos dejado varios currículums, hemos entrado en casi todos los restaurantes españoles de la ciudad en busca de contactos, y hemos tratado de ver cómo podíamos solucionar el handicap de no tener condición legal para trabajar en EEUU.
A día de hoy, hemos visto que cometimos un grave error que es muy común en personas europeas, y es el de otorgarle a Chicago, al ser una ciudad estadounidense, las mismas condiciones que New York, donde hace apenas 3 años nos fue muy fácil encontrar empleo.
Muchas veces no somos conscientes de que a pesar de ser el mismo país, son diferentes estados, y por tanto las condiciones, tanto a nivel legal como a nivel social, son totalmente diferentes.
De momento no abandonamos, y de nuevo mañana por la mañana nos levantaremos temprano para ir a recorrer esta fascinante ciudad en busca de oportunidades.
Os debemos unas cuantas fotografías… en los próximos días las colgaremos.
Todo empezó en la adolescencia, cuando un libro de Alberto Vázquez Figueroa,
¡Panamá, Panamá!, nos descubrió lo que está considerada como una de las mayores obras de ingeniería que ha llevado a cabo el ser humano, el Canal de Panamá.
La novela se desenvolvía en este escenario, y línea a línea, el autor conseguía meterte en la historia, ofreciendo datos curiosos no sólo en relación a lo que es el canal y su espectacular sistema de esclusas y presas de agua, sino también en lo que significó a nivel social tamaña obra, pues fueron miles de obreros, venidos desde diferentes paises, los que lo hicieron posible. Muchos de ellos, quizás demasiados, perdiendo la vida en el intento.
Por tal motivo, desde la adolescencia existía el cosquilleo de conocer este lugar, así que el pasado 6 de Julio, se vio cumplido otro sueño de aquellos que uno quiere hacer realidad antes de morir.
Llegamos pues a la entrada del centro de visitantes del canal muy ilusionados, más aun cuando vimos que había un museo que explicaba los detalles de esta gran obra.
Ya hacía muchos años que las grandes potencias veían la importancia de crear un canal que permitiera a las embarcaciones cruzar centroamérica, del océano Pacífico al Atlántico y viceversa.
Fueron los franceses, de la mano de Ferdinand Lesseps, los primeros que lo intentaron.
Pero su proyecto fue un rotundo fracaso, por dos causas insalvables.
La principal, el hecho de construir el canal a un mismo nivel, lo cual, y debido a las características topográficas de la zona, resultó inviable. La parte central de Panamá se eleva varios metros sobre el nivel del mar, así que la idea de crear una zona navegable sin tener en cuenta estos canvios de nivel fue del todo desacertada.
A este problema se añadió otra de igual gravedad: la pérdida de muchos obreros que morían a causa de la fiebre amarilla y la malaria.
Fueron los estadounidenses, posteriormente, los que lo intentaron de nuevo.
Pero evidentemente contaban con cierta ventaja, pues el fracaso francés les hizo entender que la única manera de salir victorioso en aquel proyecto era construyendo el canal a diferentes niveles.
Así se llegó a la conclusión de que se debían construir esclusas, que servirían para ascender y descender las embarcaciones durante los canvios de nivel.
(Hemos realizado una animación explicando el proceso. Puedes verlo aquí.
Puedes ver también el proceso real en las fotografías de este blog. Para ampliarlas, pulsa sobre la que tienes arriba)
Contemplar el proceso en vivo, viendo cómo un barco realiza las etapas, es muy interesante, pero especialmente uno no puede dejar de pensar en que, si hoy en día parece una obra impresionante, cómo debió ser de impactante hace casi 100 años, cuando se construyó.
Aparte del Canal, la ciudad de Panamá City tiene otro aspecto destacable, su casco antiguo.
Es uno de los centros históricos más bellos que hemos visto… pero también es el que, sin duda alguna, ofrece un peor aspecto, pues las casas están destartaladas y en sus fachadas se puede observar la decadencia de unos edificios que con el paso de los años han llegado hasta el lamentable estado actual.
Ahora parece que se están empezando a reconstruir algunos sectores… pero el deterioro es tan exagerado que pasará algun tiempo hasta que la zona muestre el aspecto que se merece.
Justo en el casco antiguo de Panama City es donde hemos tenido una sensación de peligrosidad que muy pocas veces hemos sentido antes. Un día hasta nos paró la policía en plena calle para advertirnos que no siguiéramos los pasos que estábamos dando y que cambiáramos de ruta. También alguna mujer salió de su casa para advertirnos que diéramos la vuelta y no entráramos en cierta calle. Lo más chocante de todo era que eran las 12 del mediodía…
En Panamá City también tuvimos otro pequeño problema, y es que nos costó horrores encontrar alojamiento pues de la lista de 6 o 7 que teníamos previstos, tan sólo 1 estaba abierto. Y además, era una cuchitril de mala muerte. El hostal era un piso de unos 120 metros cuadrados… y éramos más de 40 huéspedes.
La sensación de hacinamiento, junto con que el precio no era barato precisamente, nos llevaron a considerar nuestra estancia allí como inaceptable.
Así pues, apenas estuvimos un par de días en la capital.
Tan pronto nos marchamos de allí, enfilamos hacia el archipiélago Bocas del Toro, situado en la costa del Caribe.
Si bien podríamos decir que se trata de unas islas paradisíacas, hubo varias circunstancias que hicieron que no estuviéramos demasiado a gusto.
En primer lugar, que al ser temporada de lluvias, los ratos de sol eran más bien escasos. Y hay pocas cosas tan aburridas como una isla paradisíaca en la que no para de llover.
Y otra cosa que nos decepcionó bastante, es la actitud hacia los turistas, pues nunca antes hemos estado en un lugar donde el aprovechamiento hacia los viajeros sea tan descarado.
Estamos acostumbrados a ir por los lugares y que nuestra condición de europeos haga que tengamos que estar siempre alerta para que la gente que se dedica al turismo no quiera ganar más dinero de la cuenta con nosotros… pero en Bocas del Toro el abuso es excesivo, indiscriminado y con poco tacto, pues ni tan siquiera tienen la decencia de intentar disimular.
Ir de una isla a otra isla del archipiélago en barca, un trayecto de apenas 5 minutos, nos costó 5 dólares. Al ir a reclamar al barquero de turno, éste, con no demasiado entusiasmo, nos contó que la gasolina había subido.
Curiosamente 3 dólares nos costó un viaje en barca en Nicaragua de más de tres horas… y el precio de la gasolina es casi el mismo en ambos países.
Abusos como estos podríamos relatar unos cuantos, y a nosotros no hay cosa que más nos moleste que haya un sistema en el que la “caza del guiri” sea tan exagerada y de mal gusto.
Así pues, entre una cosa y la otra, de Bocas de Toro tan sólo nos llevamos un par de recuerdos agradables, el mejor de ellos sin duda un “tour” que hicimos en el que pudimos ver delfines.
Eso sí, los días de lluvia nos sirvieron para descansar en el hostal y empezar a pensar estrategias de cara a la viabilidad de la continuación de nuestra vuelta al mundo. Nuestro próximo salto a Chicago puede ser bastante decisivo.
¿Encontraremos trabajo y estaremos un par de meses allí? ¿No encontraremos y volaremos hacia Asia? ¿En que situación económica nos encontraremos proximamente?
Apenas faltan 14 horas para que salga nuestro avión… ya os iremos informando de cómo transcurre nuestra aventura de buscar trabajo en tierras yanquis.
Nuestra estancia en Nicaragua llegó a su fin. De hecho escribimos estas líneas desde Panamà.
Pero no queremos cerrar nuestro paso por este increíble país sin hablar de su historia reciente.
Sandino, el héroe nacional de Nicaragua dijo: "Nicaragua será libre mientras tenga hijos que la amen”. Esta frase, que quizás a simple vista se presume obvia, nos parece la clave de un jeroglífico que llevamos tiempo queriendo resolver.
Y es que las personas que no aman su pueblo, su comunidad, su cultura, su entorno… son capaces de anteponer sus propios intereses a cualquier precio.
Corrupción, dictaduras, gobiernos que no respetan el medio ambiente o que venden el país al mejor postor… Personas que son capaces de hacer esto sólo se aman a sí mismas y al dinero. Carecen de principios morales o éticos.
Desgraciadamente estas personas, con su sed de poder y sus ambiciones desmesuradas, son los que habitualmente llegan a las posiciones más altas de la jerarquía política.
Los pocos que representan una amenaza para ellos, esos “locos” idealistas que surgen en tan contadas ocasiones y que se revelan activamente, normalmente mueren jóvenes, son demasiado peligrosos para los que ostentan el poder. Con ellos, también muere la esperanza de mucha gente.
Sandino, en su Revolución consiguió desde la nada, mobilizar al pueblo nicaragüense para lograr su libertad frente a los intereses norteamericanos de la época. Luego, la dictadura de Somoza (y familia) asesinó a la revolución y a su líder y convirtió a Nicaragua en parte de sus pertenencias familiares, con la complicidad del gobierno de los EEUU que por aquellos entonces ya había aprendido que era mucho más rentable controlar un país a través de un “dictador amigo” que mediante la guerra directa.
Pero Nicaragua se volvió a levantar, y tras años de guerra de guerrillas, consiguió derrocar el régimen somocista, a finales de los ’70.
Desde entonces ha llovido mucho y muchas cosas han pasado… se han sucedido gobiernos autollamados Sandinistas y gobiernos liberales. Pero Nicaragua sigue siendo uno de los países más pobres de América. Un pueblo de luchadores, un pueblo que ha conseguido levantarse tantas veces... y que nos da la sensación que hoy está perdiendo la esperanza. ¡Ojalá que la suerte se ponga de su parte de una vez por todas!
Al sur de Nicaragua, haciendo frontera con Costa Rica, se encuentra el Río San Juan. Se trata de un río cuya posición estratégica lo ha convertido en mítico, pues históricamente ha sido un punto clave para conquistadores, piratas, filibusteros y tropas invasoras.
Desde el descubrimiento de américa, se ha tenido la obsesión de cruzar en barco centroamérica para conectar ràpidamente el este y oeste del continente americano. Desde hace casi 100 años esto es posible gracias al famoso Canal de Panamá, que permite a las embarcaciones cruzar de océano a océano sin tener que rodear el continente.
Pero antes de que se construyera el canal, el Río San Juan era uno de los puntos estratégicos más importantes, pues navegando por sus corrientes se podía desembocar en el Lago Cocibolca, atravesarlo y llegar a tierra firme ya a pocos kilómetros de distancia del Océano Pacífico.
Nos pareció pues interesante esta zona, así que decidimos ir a El Castillo, uno de los pueblos que nacen a orillas de este apasionante río.
Llegar a El Castillo no es fácil, pues no tiene conexiones por vía terrestre. Primero es necesario ir en lancha hasta San Carlos (que tampoco está conectado por tierra) y desde allí, tomar otra embarcación que demora 3 horas en llegar.
En nuestro caso, que veníamos de la Isla de Ometepe, para llegar a San Carlos tuvimos que pasarnos 10 horas en embarcación, que cruzó el lago Cocibolca en una noche de una oscuridad total.
En dichos trayectos conocimos a José y Laia, de quien ya no nos separaríamos durante nuestros 5 días en El Castillo.
En el pueblo, además, conocimos a Pablo, un chico español que como cooperante en temas medio-ambientales, nos ofreció su compañía a cambio de nada, siendo las veladas nocturnas en su casa algo que tardaremos en olvidar. También nos enseñó el pueblo y sus secretos. Quizás fue eso lo que hizo que en poco tiempo nos sintiéramos como en casa.
El Castillo, sin duda alguna, merece ser visitado. El pueblo emana una familiaridad a la que es muy fácil acogerse. Su entorno es digno de los más exigentes documentales, y su flora y fauna es diversa y espectacular.
Uno de aquellos días, mientras Pablo se fue a trabajar, decidimos pedir prestada una barca para navegar por el Río San Juan.
¡Ahí estábamos! Xavi, Carme, Jose y Laia… ¡Los cuatro conquistadores del siglo XXI!!!
Apenas montamos en la barca, empezó a llover un poco. Pero decidimos empezar nuestra aventura igualmente. Unos minutos después, llegamos a una tajante conclusión: Ninguno de los cuatro tenía idea de remar.
La misma corriente del río nos devolvió a la orilla, apenas a 10 metros de donde habíamos empezado.
Como estábamos semirefugiados debajo de un árbol y la lluvio empezó a apretar, pensamos que sería una buena idea parar 5 minutos a ver si la lluvia nos daba una tregua.
Justo en aquel momento, nos percatamos que la gente del pueblo estaba en los balcones de sus casas, mirándonos y riéndose.
Apenas hay turistas en aquel lugar y en aquella época… sin duda alguna, en aquellos momentos éramos la atracción del pueblo.
Una vez la lluvia hubo amainado, decidimos proseguir río abajo.
Lo único que sabíamos a esas alturas era que bajo ningún concepto debíamos permanecer en el centro del río, pues su fuerte corriente nos arrastraría hacia abajo.
Así pues, empezamos a remar, siempre arrimados a la orilla.
Por tal motivo, al cabo de 20 metros nos empotramos contra un embarcadero.
La gente desde sus balcones se lo estaba pasando en grande. ¡Qué espectáculo más lamentable estábamos ofreciendo!
Pero decidimos seguir, así que al cabo de 30 metros pasamos por delante de la oficina del ejército. Un militar asomó la cabeza por una ventana.
- Necesitan 4 salvavidas – gritó.
Reímos la broma unos cuantos segundos… hasta que nos dimos cuenta de que no era una broma. Acercamos nuestra barca a la oficina, y recogimos los chalecos no sin advertir que al militar se le escapaba media sonrisa.
Con los salvavidas puestos, emprendimos de nuevo nuestra marcha.
La corriente nos empujaba hacia abajo, no hacía falta remar. Navegamos un buen rato sin demasiados sobresaltos. Como mínimo ya no estábamos a la vista de nadie.
Parecía que empezábamos a controlar la situación, pues avanzamos una buena distancia.
El siguiente obstáculo fueron unos arbustos salientes… obstáculo contra el que chocamos pues fuimos incapaces de girar la embarcación. El golpe hizo que partiéramos un par de ramas que fueron a parar al interior de la barca.
Una vez sacadas las ramas, decidimos proseguir.
A 50 metros se observaba un gran tronco saliente del agua.
- ¡Chicos! Sobretodo, no hemos de chocar con ese tronco, ¿eh?
Justo en aquel momento, nos dimos cuenta de que dentro de la barca habían un montón de arañas enormes, que suponemos habían cáido de las ramas. Hubo un momento de histeria y golpes de remos para acabar con aquellos bichos, que provocaban continuos movimientos que casi nos hacen caer al agua.
El incidente de las arañas sirvió para que nos olvidáramos completamente del tronco saliente… contra el cual nos empotramos. De nuevo casi hacemos volcar la barca.
Aparece la lluvia otra vez. Creemos que lo mejor es ir hacia la orilla, parar y replantearnos la situación. Pero la corriente en esta parte del río es más fuerte, y casi sin darnos cuenta estamos demasiado alejados de la orilla.
Nos cuesta horrores dirigir la barca hacia un lado, pero vemos que más difícil aun será frenarla. De nuevo hay unos matorrales salientes, a unos 20 metros de distancia, que ofrecen un par de ramas. Decidimos que lo mejor será que dos de nosotros pasen a la parte delantera y se agarren de las ramas para frenar la barca.
Conseguimos acercarnos y nos colocamos en nuestras posiciones.
Las ramas se van acercando poco a poco, así que creemos que será facil detenernos.
¡Una, dos, tres!!! – Ahhhhhhhhhhhhhhhhh!!!
Las ramas de este arbusto son de una especie comun en este río. ¡Estan llenas de pinchos!!! La barca hace un extraño movimiento, de nuevo estamos a punto de caer al agua.
Por lo menos, hemos podido frenar… o mejor dicho, hemos chocado contra la orilla y afortunadamente la barca se ha quedado atrancada.
Nos estamos mojando, pues la lluvia no ha parado.
A unos 30 metros vemos a una mujer lavando la ropa en el río, junto a lo que se presume un buen cobijo gracias a unos árboles.
Decidimos llegar hasta allí.
Nos ha costado, pero al final nos hemos dado cuenta de que esto de remar no es lo nuestro, así que lo mejor es ir a cobijarnos a ese lugar y emprender el camino de vuelta.
Es inevitable hablar de ello. Si la bajada ha sido difícil… ¿Cómo vamos a lograr llegar al pueblo a contracorriente?
Emprendemos el retorno, e ilusionados vemos como estamos avanzando a pesar de ir hacia arriba. Pero la alegría es momentánea. Es una zona sin corriente, y cuando llegamos a una parte donde ésta es mediana, observamos que va a ser más difícil de lo que pensábamos.
Tenemos 3 remos, así que mientras uno descansa, los otros reman con todas sus fuerzas. Pero cuesta mucho. Además, la corriente, también nos empuja hacia el centro del río, donde no queremos ir por nada del mundo.
Así que navegamos durante unos 10 minutos.. pero apenas hemos recorrido 20 metros. Empezamos a estar exhaustos.
A la mínima que descansamos, la corriente gana la batalla y nos empuja hacia adentro. Pero a la desesperada, volvemos a remar… y la combinación es nefasta, pues empezamos a girar como peonzas. Suponemos que estamos justo en un remolino, así que dejamos de remar pues es una tontería gastar las fuerzas.
En aquel momento, nos percatamos de que estamos justo en medio del río, la corriente nos lleva hacia abajo y además estamos girando sobre nosotros mismos.
¡Fantástico!.
Con lo que nos queda de fuerzas, y cuando parece que ya hemos salido del remolino, finalmente conseguimos llevar la barca hacia la orilla.
Lo que hemos avanzado en media hora, lo hemos perdido en apenas 4 minutos.
- Casi se ahogan – Dice una voz desde el camino adyacente, acompañada de una sonrisa burlona.
Es un campesino, al que le pedimos por favor si puede perder 5 minutos en darnos una pequeña clase de cómo evitar que la corriente nos lleve hacia el centro.
El hombre salta a la barca y nos dice que nos va a llevar hasta el próximo embarcadero, pero que no podrá seguir con nosotros a partir de ese punto.
Asombrosamente, con un solo remo cruza toda la zona que nosotros hemos sido incapaces de sobrepasar. Intentamos absorver todas las instrucciones que nos da, nos hará falta.
Una vez nos deja, antes de llegar al embarcadero, creemos que podemos conseguirlo ahora que ya sabemos la teoría. Pero es imprescindible evitar que la corriente nos lleve hacia dentro.
Por tal motivo, realizamos algo inverosímil. En vez de rodear el embarcadero, decidimos agacharnos y pasar por debajo. Con el rabillo del ojo, vemos al campesino que se está muriendo de risa.
Pero la teoría que hemos aprendido no nos sirve de nada, pues estamos a punto de llegar a la zona del río donde la corriente es más fuerte.
Allí pasamos un buen rato, hasta que vemos que no vamos a ser capaces de cruzar esa nefasta zona. Afortunadamente hay un pescador en la orilla del río, al cual le pedimos que si nos puede arrastar con la cuerda que tenemos.
Lo probamos, pero es casi imposible, pues la orilla en aquel tramo está 2 metros por encima del nivel del lago y eso que hace que la fuerza que pueda hacer ese hombre arrastrándonos sea insuficiente.
Pero aparece otro personaje por el camino, el cual trae en la mano lo que posiblemente sea nuestra solución. Un palo de unos 3 metros de altura. Nos explica que nos apoyemos con él en el fondo del lago y hagamos fuerza al empujar. Parece una buena opción.
Es Jose el que coge el palo y prueba la nueva solución. Pero lo hace con tan mala pata, que sin saber cómo el palo se ha quedado encallado entre el fondo del lago y la barca, y por tal motivo parece que estemos haciendo palanca.
- ¡Jose!!!! – Saca el palo de ahí como sea. ¡Por tu madre!!!!
Pero es demasiado tarde. El efecto palanca, junto con la corriente que nos tira hacia atrás, hace que la barca se levante de un lado y el agua empiece a entrar por el otro.
Finalmente, tras más de 3 horas desde que salimos, parece que ha llegado lo que tanto hemos buscado. Nos ha costado, pero al final hemos volcado la barca y estamos los 4 en el agua.
Se apoderan de nosotros dos sentimientos contrapuestos. La risa, pues no podemos dejar de reír, y la inquietud, pues sabemos que en el río hay caimanes. De hecho, el día anterior habíamos visto 3 o 4.
Con impotencia vemos como el río se lleva uno de los remos. Mirando al hombre que nos ha prestado el palo, vemos que hace un gesto con el que dice: ‘Que os den por el culo, capullos’, y se marcha de allí.
Le damos la vuelta a la barca, pero está llena de agua, así que antes que nada tendremos que vaciarla. (Aun no sabemos cómo).
En aquel momento, un niño de apenas 8 o 9 años aparece con nuestro remo en la mano.
Le damos las gracias, y, en nuestra desesperación, le preguntamos si él nos puede ayudar a llegar al pueblo.
- Yo les puedo gobernar solito hacia allí. – nos dice con aire de suficiencia.
-Pues chico, gobierna, gobierna y llévanos al pueblo como sea y acabemos de una vez con esta patraña.
El niño salta a la barca, vacia el agua y nos da las instrucciones de cómo sentarnos.
- No hace falta que remen – nos dice amablemente, aunque por un momento pensamos que se nos está cachondeando.
El caso es que aquel mequetrefe, con la ayuda del palo y de un remo, no tiene la menor dificultad en hacernos avanzar. Supera el tramo más fuerte de la corriente sin ningún tipo de apuros.
La llegada al pueblo es, sin ninguna duda, uno de los momentos más patéticos y humillantes de nuestra vida. A la vista de todo el pueblo está la lamentable situación: Unos treintañeros rescatados por un niñato que apenas llega a los 10 años.
Últimamente las cosas no están saliendo como esperábamos en cuanto a nuestro trabajo de progración web, del que dependemos para continuar viajando, por lo que nuestra situación económica está en un momento un poco delicado. Por este motivo, hemos decidido ir a Estados Unidos (tal y como hicimos en nuestra vuelta al mundo del 2005 en New York) para buscar un empleo durante la temporada de verano y de esta manera enderezar un poco el tema.
Chicago ha sido la ciudad elegida esta vez, así que el próximo 18 de Julio volaremos a la “ciudad de Al Capone” esperando tener un poco de suerte y encontrar trabajo antes de 10 días, el límite de tiempo que nos hemos autoimpuesto, pues una estancia de mayor duración no nos la podemos permitir.
Aprovechamos estas líneas para pedirte que, si tienes alguna información o contacto en esta ciudad que crees que nos puede ayudar en la búsqueda tanto de empleo como de alojamiento, te agradeceríamos que nos lo hicieras llegar.
Ahora mismo nos sentimos por un lado un tanto nerviosos por nuestro futuro próximo, pero por otro lado nos sentimos más vivos que nunca, pues intentar superar un obstáculo es siempre un reto apasionante.
Ya hace más de un mes que estamos en Nicaragua y en todo este tiempo no ha habido viajero que no nos haya hablado bien de la isla de Ometepe. Cuando nos ocurre algo así, siempre tememos que el lugar nos decepcione comparándolo con las altas expectativas que hemos ido fantaseando previamente.
Así llegamos a Ometepe, ansiosos por conocer lo que muchos ya bautizan como la octava maravilla del mundo. Pero Ometepe no puede decepcionar, principalmente porque es inimaginable tanta belleza y magia en un mismo lugar.
Se trata de la isla más grande del mundo situada en un lago. Éste, el Nicaragua o Cocibolca (su nombre originario indígena) tiene 8.624Km2 y aunque contiene agua dulce se puede decir que tiene la personalidad de mar. Recibe en sus aguas las desembocaduras de 45 ríos, su oleaje hace marear en las embarcaciones, y tiene la característica única de albergar a tremendos tiburones de varios metros de longitud que peregrinan desde el atlántico a través del Río San Juan.
La isla consiste en dos volcanes, el Concepción y el Maderas, unidos por la tierra volcánica proveniente de antiguas erupciones. Esto hace de su silueta algo excepcional, a la vez que dota a sus tierras de una gran fertilidad.
Y es que en este lugar todo es especial y único, todo es mágico. Sus bosques frondosos desprenden un dulce aroma del que no querrías desprenderte jamás, y los colores vivísimos rozan lo irreal.
Quizás por ello es tierra también fecunda en mitos y leyendas. Historias sobre ciudades encantadas dentro de una laguna, personas que se convierten en animales debido a pactos con el diablo, luces sobrenturales que se esconden en los volcanes…. Son algunos de los mágicos relatos que viven de generación en generación.
Sus primeros pobladores, originarios del norte y guiados por un oráculo, encontraron en Ometepe su tierra prometida. Sus descendientes directos, llamados hoy indígenas, que vieron pasar por aquí conquistadores y piratas llenos de ansias de poder y de destrucción, quizás, aprendiendo de estas macabras experiencias, hayan protegido de la mirada extranjera su vida, su cultura y sus tradiciones.
Y aún hoy en día, ante los petroglifos esparcidos por toda la isla y las esculturas de piedra encontradas, los entendidos en la materia tan solo elaboran especulaciones y suposiciones... más historias fantásticas que añadir a la lista de esta misteriosa isla.
Ya se acabó nuestra estancia en León, y con ella, vino el cierre del proyecto solidario “Los Caminantes”.
Finalmente llegamos a recaudar entre todos 300 Euros. Una cantidad muy apreciable para el proyecto… pero que no llega al objetivo que nos marcamos de 500 €.
Por lo tanto, por un lado estamos muy contentos de haber podido contribuir a los Talleres de Capacitación Profesional para los jóvenes de la comunidad de Sutiava, pero por otro lado, sentimos que en algo hemos fallado esta vez, que quizás no hemos sabido transmitir todo lo que implicaba el proyecto y que esta pueda ser la causa de que la participación no haya sido la esperada. Pero como siempre se saca algo positivo de todo, esto nos servirá para mejorar de cara al futuro para el siguiente proyecto.
Los últimos días en León, aprovechamos para despedirnos de este increíble lugar y visitar el Cerro Negro, un volcán activo situado muy cerca de la ciudad. El paisaje es impresionante, pues el contraste entre la tierra volcánica, totalmente negra, y los verdes alrededores es fascinante. Nos pareció una taza de chocolate desbordada sobre un mantel verde.
Pero lo que recordaremos seguramente con una sonrisa en la boca y que nos hizo volver por unos momentos a la infancia, fue la bajada del volcán. En una pendiente de unos 45 grados sobre gravilla volcánica, nos lanzamos en una carrera que nos hizo perder totalmente la sensación de gravidez.
Así que dejamos León un poco desanimados, pero de alguna manera, y volviendo al sentimiento de niñez que nos regaló el Cerro Negro, metafóricamente, nuestros primeros pasos de los proyectos solidarios aun un tanto inseguros y zigzageantes, esperamos que se conviertan en un futuro en pasos seguros y firmes.
A continuación os mostramos, ordenado alfabéticamente, el detalle de todas las aportaciones donadas.
Aprovechamos para dar las gracias a la ONG BPM (www.bpm-ong.org), que además de aportar 45 € a este proyecto, es la que se encarga de sufragar todos los gastos que conllevan las transacciones monetarias. (Comisiones por pagar con tarjeta de crédito a través de la web, y comisiones que nos cobra el banco por sacar del cajero el dinero de las donaciones).

Aunque parezca una vaguedad, afirmaríamos sin recelos que, para nosotros, es sumamente importante conocer los bares, cafeterías y restaurantes de cada ciudad que pisamos.
Son excelentes medidores de la idiosincracia de un pueblo, así como un lugar donde se ve reflejada la cotidianidad de sus gentes.
Nosotros invertimos parte de nuestro tiempo conociendo estos lugares, pues son una joya de cara a descubrir los secretos de cada población.
Comedores populares, cafeterías auténticas, el típico bar de la esquina, el garito de moda, el cuchitril de turno… todos son dignos de ser visitados.
Por tal motivo, es posible que de una ciudad no conozcamos la fecha en la que fue fundada o la totalidad de los museos que alberga… pero con toda seguridad sabremos cual es la cafetería que tiene el mejor café, el comedor popular más económico o el lugar más fiable donde poder comer pescado.
Tomando como ejemplo la ciudad de León, podemos hablar de la cafetería Ben Linder, que toma su nombre de un joven estadounidense que vino a hacer de voluntario a Nicaragua en la década de los ‘80, y que fue asesinado por Los Contras (guerrilla organizada y financiada por los EEUU para combatir el régimen Sandinista). Es lógico por tanto que en esta cafetería se respire un cierto aire revolucionario, además de representar mediante sus coloridos murales un homenaje a este malogrado personaje. Allí hemos ido casi a diario a tomarnos nuestro cafecito.
En León también hemos conocido los comedores populares de la ciudad. Muchos de ellos tienen la particularidad de ser casas de una familia que durante la hora del almuerzo organiza comidas caseras. El restaurante en si es la sala de estar de la casa, y mientras comes tu plato a base de arroz, ensalada y pollo, puedes observar las típicas fotos de familia encima del mueble auxiliar.
Uno de los garitos de moda es La Olla Quemada, un lugar donde cada miércoles hay un concierto en directo, y sirve para congregar a todo tipo de gente: viajeros, universitarios, artesanos, etc. La cerveza es el producto más solicitado, y los conciertos derivan en improvisadas sesiones de baile poco ortodoxas.
Podríamos hablar también del Taquezal, más popular los sábados. La particularidad de este local es que se trata de una preciosa casa colonial.
Todos estos locales, a su manera, le dan a Leon la personalidad que tiene. Son las venas por donde corre su sangre y es su carta de presentación más fiable, más que incluso muchos museos o guías de viaje. Por eso nosotros no dejamos de intentar conocerlos, pues de alguna manera sabemos que en estos focos se encuentran las realidades cotidianas, el submundo al que irremediablemente están ligadas.
En esta agradecida búsqueda, un día descubrimos el local de Daniel, el Restaurante Venivé. Espacioso, de techos altísimos y de una sencillez hermosa. Del lugar emana una tranquilidad especial, un ambiente acogedor y un tanto bohemio. Es uno de esos lugares en los que las conversaciones en las mesas se fusionan armoniosamente con la música de fondo.
Su comida, mezcla de gastronomía local y cocina internacional con un toque español, se debe tener en cuenta si se quiere comer bien a un precio muy razonable.
Con tales características, es lógico pues que para nosotros se convirtiera en un lugar de visita frecuente, teniendo además el aliciente de que en cada cena, Daniel se sentaba en nuestra mesa y acabábamos charlando hasta incluso cuando el restaurante hacía ya rato que había cerrado sus puertas.
Daniel, catalán afincado en León desde hace unos años, nos ha dado un punto de vista muy interesante de lo que significa estar lejos de casa y los sentimientos que se suceden a través de los años de ausencia. Y, lo más preciado, nos ha regalado varias noches de sobremesas eternas, de conversaciones trepidantes y de risas contagiosas.
Daniel y su Restaurante Venivé, han sido un factor más de una larga lista que nos ha llevado a sentir por León un amor incondicional y una sensación de apego que perdurará mucho tiempo.
En primer lugar, te queremos comentar que esta vez desgraciadamente estamos lejos de conseguir el objetivo marcado para el proyecto solidario “Los Caminantes” del que te hablamos en la última entrada del Blog.
Por lo tanto, hemos decidido alargar una semana más el plazo para recibir más aportaciones, en la que esperamos que se animen las personas que todavía no lo han hecho. La próxima semana, daremos los resultados definitivos.
Durante estos últimos días, nos hemos “leonizado” un poquito más, y ya estamos avanzando el sentimiento de añoranza con el que vamos a convivir dentro de poco cuando tengamos que partir.
Centro de cultura, de poetas y de revolucionarios, León es lo que nosotros definimos como una ciudad muy completa, una ciudad en la que podríamos plantearnos vivir (cosa que en un futuro no descartamos). Es suficientemente grande para pasar desapercibido, pero lo suficientemente pequeño para no perder el trato y contacto humano. Su arquitectura colonial hacen que cada esquina sea digna de detenerse a observar, pero (aun) no se ha convertido en una ciudad-museo.
Hay vida, la gente sale de sus casas a tomar el fresco, los negocios son reales y no de souvenirs…
Por último el entorno en el que se encuentra León es una maravilla. A unos pocos quilómetros la playa en la pequeña población de Las Peñitas, los volcanes Maribios y el lago Xolotlán.
La ciudad de León fue fundada en 1524 a unos 30 kilómetros de su ubicación actual, donde hoy están las ruinas de León Viejo junto al lago Xolotlán y frente al volcán Momotombo. Pero después de un terremoto y de una erupción del volcán en 1610, que afectó severamente a la ciudad, ésta fue trasladada a su ubicación actual, junto al antiguo poblado indígena de Subtiaba.
Las ruinas de la antigua ciudad dejan ver poca cosa aún de León Viejo, teniendo en cuenta que sólo se ha excavado un 25% del total del recinto, pero la vista panorámica de los alrededores, con los volcanes y el lago como telón de fondo, es magnífica.
León… un nombre que justamente sugiere el orgullo, la fuerza y la nobleza de sus gentes. Éstas fueron las que enarbolaron la bandera de la libertad en contra de los grandes imperios, como el español con la Independencia y el norte-americano con la Revolución Sandinista. Sólo nos queda decir, como la canción de Tino López Guerra, que
“Por todo el oro del mundo no cambiaría a mi León, (…) ¡Viva León, Jodido!”
Con el corazón ya medio nicaragüense, escribimos estas líneas desde León, todavía impactados por las imágenes que se nos han quedado grabadas del huracán del pasado jueves.
Una tormenta tropical que no se presumía demasiado importante, acabó convirtiéndose en el Huracán Alma, que sin piedad y con fuerza dejó a su paso unos cuantos muertos, decenas de desaparecidos y más de 25.000 evacuados.
Para personas como nosotros, que venimos de un lugar donde no existen fenómenos naturales catastróficos de estas características, es muy difícil asimilar todas las consecuencias que la meteorología puede llegar a provocar.
También es difícil imaginar lo que puede ser un huracán de fuerza 5 en la escala de
Saffir-Simpson, pues el huracán Alma era de una fuerza 1 (la más baja de todas) y se nos antojó “desalmado”.
No es extraño pues, que aquí la gente todavía recuerde con desamparo el trágico Huracán Mitch, que en 1998 dejó en el corazón de muchos centroamericanos un miedo que resurge cada vez que se avecina una tormenta.
Vivir un huracán es sobrecogedor. El viento sopla con furia, la lluvia cae con estrépito y el cielo se tiñe de un color que invita a vaticinar que el mundo se acaba.
Los árboles son arrancados de la tierra dejando sus raíces al descubierto, los tejados de las casas vuelan por las calles y todo se convierte en un juguete en manos de esta fuerza de la naturaleza.
Cobijados en nuestro hostal, veíamos trozos de casas pasando por delante nuestro mientras un ruido ensordecedor indicaba que la casa de al lado iba perdiendo una a una todas las planchas de zinc que conformaban el tejado.
El huracán Alma dejó muertos, desaparecidos y evacuados, así como la ciudad de León (más de 300.000 personas) privada de electricidad y agua durante casi 2 días.
Pero la vida sigue, incluso para aquellos nicaragüenses que han sufrido pérdidas, pues con esmero la gente reconstruye los desperfectos y se arma de un valor admirable. Saben con certeza que sus vidas dependen en gran medida de esta serie de fenómenos incontrolabes y se necesita valentía para convivir con ello.
Retomando un poco el tema donde lo habíamos dejado en nuestra última entrada del blog, os queremos comunicar que ya está en marcha nuestro proyecto solidario aquí en Nicaragua.
El Proyecto
Los Caminantes, nace en la figura de una mujer de fuerte carácter y gesto amable. Su nombre es Doña Marina Madariaga y forma parte, junto a 6 personas más, del comité de la Fundación de Mujeres Indígenas Xochilt Acalt.
Con base en la comunidad indígena de Sutiava, su causa tiene dos prismas de diferente cariz, pues ambos son las dos caras de la misma moneda. Diríase que una es consecuencia de la otra.
Por un lado, la asociación Xochilt Acalt se encarga de recoger adolescentes y jóvenes de las calles para ofrecerles talleres de formación sobre carpintería, corte y confección y belleza (peluquería y estética). Esto evita que dichos adolescentes caigan en la delincuencia, en la prostitución o en el mundo de las drogas, a la vez que tienen la posibilidad de aprender un oficio para lograr un trabajo digno.
Por otro lado, otra área de actuación de la Fundación comprende la cara opuesta del mismo problema: Personas que han acabado en la cárcel.
Por ello Doña Marina se está dejando media vida y lo que le queda de su quebrantada salud. Y lo hace atacando el problema desde su raíz, ofreciendo educación y formación a jóvenes y adolescentes.
Doña Marina nos invitó a ir con ella a la cárcel de Chinandega para celebrar el día de la madre con las mujeres que están cumpliendo condena allí.
Lo más sorprendente de esta gran mujer es que en lugar de sentirse orgullosa por la ayuda que brinda a estas mujeres, pareciera que se siente encolerizada y frustrada por que no las ha podido ayudar previamente para evitar que estén ahora presas.
En la prisión pudimos hablar con el Alcaide y descubrimos varias cosas, como por ejemplo que la edad de los reclusos/as es de 15 años en adelante. Otro dato preocupante es que, debido a la falta de recursos, las prisiones están masificadas (la que visitamos estaba preparada para 600 reclusos/as y en este momento eran unos 1.000) y el presupuesto diario de cada preso para sus tres comidas es de 0,30 €, lo que no llega para nutrirse correctamente.
De esta visita, siempre escoltados por varios policías, nos quedan bastantes sensaciones y muchas imágenes imposibles de olvidar, especialmente ciertas miradas a tráves de las rejas, y el pesar de las mujeres que en ese día de celebración maternal recordaron a sus hijos a los que no pueden ver.
Al salir de allí, todavía creíamos más en el Proyecto
Los Caminantes, el dotar de oportunidades profesionales a personas que, de otro modo, lo tendrían muy difícil para ganarse la vida dignamente.
Como siempre, el problema principal es la falta de recursos, así que nos pareció
muy adecuado dedicar a esta causa nuestro proyecto solidario, pues sabemos que con cierto apoyo económico la fundación Xochilt Acalt podrá brindar ayuda a más adolescentes y jóvenes, cuyo futuro está en una balanza que puede inclinarse a un lado o al otro. En un lado está una vida digna, en el otro está la prostitución o las drogas… y la prisión como telón de fondo.
Otro día Doña Marina nos llevó a conocer el lugar de origen de dos de las muchachas que están estudiando belleza. Ambas en dos pueblos marginales de las afueras de León, y ambas con una historia de desamparo en sus vidas. No podemos dejar de admirarlas por su fuerza y su empuje. Por ejemplo Maurita, una niña de 15 años, que tras perder a sus padres hace dos años, y con la ayuda de su hermana mayor, sigue con sus estudios de bachillerato entre semana, los sábados acude al taller de belleza y aún tiene tiempo de ayudar en casa en la panadería para colaborar en la escasa economía familiar.
Nos hemos propuesto recaudar 500 € para colaborar con Doña Marina Madariaga y su causa.
Esperamos que estas líneas hayan servido para que nuestros ojos sean tus ojos, y para que todas aquellas situaciones que nosotros por ética humana no podemos permitir, se conviertan también en cosas inaceptables para ti.
Durante esta semana estaremos recogiendo las donaciones para ayudar en este proyecto de
Los Caminantes, las cuales entregaremos personalmente a Doña Marina.
¡Esperamos que te unas a nosotros con tu aportación de 5 €!
Finalmente la huelga de transportes llegó a su fin.
Los intrépidos transportistas hicieron sucumbir al gobierno y consiguieron las soluciones que deseaban.
De nuevo todo se puso en marcha y nosotros, por si acaso la situación volvía a complicarse, cogimos el primer bus con destino a León, desde donde escribimos estas líneas.
León es… ¿cómo explicarlo?... León es una ciudad apasionante, canalla, viva, inquieta, bella... Con mucho movimiento, con gran oferta cultural. A ratos estresante, a ratos tranquila. Vibrante, agradable, despierta… León es, por tanto, nuestro lugar.
Si hay un motivo por el cual en esta entrada de blog no hay fotografías, es porque nosotros somos de los que primero disfrutamos del momento y del lugar y, después, si sobra tiempo, hacemos fotos.
Y durante estos últimos días hemos estado ocupados descubriendo esta bella ciudad, y apenas si nos acordábamos de que llevábamos la cámara encima.
León es una ciudad que reúne muchas de las características que nosotros buscamos en un lugar, así pues nuestra estancia aquí se presume larga.
Además, una serie de sucesos correlativos nos llevó a conocer a una mujer extraordinaria, de nombre Marina Madariaga, que preside una asociación de mujeres indígenas. Su rostro y su mirada nos atraparon de inmediato pues reflejan una vida llena de contratiempos superados, de obstáculos dejados atrás.
Nuestro próximo proyecto solidario estará relacionado con su causa que, a partir de ahora, es también nuestra causa. Esperamos que en los próximos días sea también la vuestra.
Hace ya días que estamos en Granada, bellísima ciudad colonial, y parece que van a ser muchos más los que estemos aquí.
La causa es una huelga indefinida de transporte que empezó hace más de 10 días y que parece que va a tardar en solucionarse.
Todo tiene su origen en el elevado precio que ha alcanzado el petróleo, que provoca a su vez otra subida de precios en todos los productos.
A todo esto hay que añadir la crisis alimentaria a nivel mundial debido al encarecimiento de los alimentos básicos.
Como es lógico, estas situaciones siempre afectan en primer lugar a los países menos desarrollados, y Nicaragua está entre ellos pues estamos hablando del segundo país más pobre de América por detrás de Haití.
Diríamos pues sin temor a equivocarnos que en Nicaragua la situación es crítica.
Las familias ya no alcanzan ni para comprar la comida que les permite sobrevivir.
Paralelamente, los transportistas ya no pueden pagar el precio de la gasolina, y de ahí que se hayan amotinado y se nieguen a seguir trabajando hasta que el gobierno se siente a hablar con ellos para buscar soluciones.
El gobierno no parece que esté por la labor, y según algunos exhibe un pasotismo que está agravando la situación.
Los próximos días serán claves para el devenir de esta crisis, pues día a día la crispación es más palpable y llegan noticias de que en las afueras los transportistas ya han empezado, en su desesperación, a quemar camiones en las carreteras para cortar el paso y a emplear la violencia contra aquellos que no secundan la huelga.
Tenemos la impresión de que esto va a durar unos días más, pero curiosamente, y puestos a buscar el lado positivo de todo este asunto, Granada es probablemente uno de los mejores lugares donde estar sitiado, pues la ciudad es de una belleza exquisita y sus gentes, a pesar de todo, no pierden su humor y sus ganas de pasarlo bien.
-¿Qué son esos tambores que se oyen a lo lejos cada día a la misma hora?- le preguntamos a un lugareño que estaba sentado a media tarde en el parque central.
- Son los ensayos de las Fiestas Patrias.
- ¡Ah! ¡Qué bien!- contestamos- ¿Y qué día empiezan exactamente las Fiestas Patrias?
Y entonces el hombre estalló en una sonora carcajada, al tiempo que nos dio una respuesta que poco esperábamos.
- ¡En Septiembre!
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